Una vez salvo ¿salvo para siempre?

Una otra idea muy satánica, quizás más diabólica que la “predestinación de los calvinistas” es la herejía de que “una vez salvo salvos para siempre”.

Aquí, les brindo un fragmento del libro de los anabaptistas: “Cuando el Cristianismo era Nuevo” de David W. Bercot, páginas 59-61:

¿Puede volver a perderse el que es salvo? 

Ya hemos visto que los cristianos primitivos creyeron que tenemos que seguir en fe y obediencia si vamos a ser salvos. Lógicamente, entonces, creyeron que una vez salvos podemos volver a perdernos.

Por ejemplo, Ireneo, el alumno de Policarpo, escribió: “Cristo no volverá a morir por aquellos que cometen pecado, pues la muerte no se enseñorea más de él… Por eso no debemos jactarnos… Pero sí debemos cuidarnos, para que no dejemos de alcanzar el perdón de pecados y seamos excluidos de su reino. Esto pudiera sucedernos, aunque hubiéramos llegado a conocer a Cristo, si hiciéramos lo que a Dios no le agrada.” (22) (Hebreos 6:4-6).

Tertuliano escribió: “Hay personas que actúan como si Dios estuviera bajo obligación de brindar sus dones aun a aquellos que no son dignos de ellos. Convierten la generosidad de Dios en una esclavitud… Porque después, ¿no caen muchos de la gracia de Dios? ¿No se les quita el don que habían recibido?” (23)

Cipriano escribió a sus compañeros creyentes: “Está escrito: ‘El que persevere hasta el fin, éste será salvo’ [Mateo 10.22]. Lo que precede el fin no es más que un paso en la subida a la cumbre de la salvación. No es el fin de la carrera lo cual nos gana el resultado final de la subida.” (24)

Muy a menudo los cristianos primitivos citaron el pasaje de la Biblia que encontramos en Hebreos 10.26: “Porque si pecáramos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados.” Los predicadores de hoy muchas veces nos dicen que este pasaje no se refiere a personas ya salvas. Si esto fuera el caso, el escritor no supo comunicarlo a sus lectores. Todos los cristianos primitivos entendieron que este pasaje habla de los que ya son salvos.

Puede que usted crea que los cristianos primitivos vivieron siempre sin ninguna seguridad de su salvación. Pero definitivamente no fue así. Aunque creyeron que el Padre celestial pudiera desheredarlos si deseaba hacerlo, el tono de todos sus escritos muestra que no vivieron temerosos de perder su herencia espiritual. ¿Se afana y se preocupa el hijo obediente de que su padre natural pueda desheredarlo?

Los que predicaron la salvación sólo por gracia 

Usted puede estar extrañado de lo que he escrito hasta ahora, pero lo que voy a decir ahora es aun más extraño. Había un grupo religioso, llamados herejes por los cristianos primitivos, que disputaba fuertemente esta doctrina de la iglesia sobre la salvación y las obras. En oposición a los cristianos primitivos, enseñaban que el hombre está totalmente depravado, que somos salvos por gracia solamente, que las obras no tienen que ver con la salvación, y que una vez salvos no podemos perder la salvación.

Sé lo que usted pueda estar pensando: “Ese grupo de ‘herejes’ eran los cristianos verdaderos, y los cristianos ‘ortodoxos’ eran los herejes. Pero tal conclusión es imposible. Digo que es imposible concluir que los herejes fueran cristianos porque al decir “herejes” me refiero a los gnósticos. La palabra griega gnosis quiere decir “ciencia”, y los gnósticos decían que Dios les había revelado un conocimiento más profundo que los cristianos primitivos no tenían. Cada maestro gnóstico tenía su propia enseñanza, pero todos más o menos concordaban en decir que el Creador era un Dios distinto al Padre de nuestro Señor Jesús. Este Dios inferior, según ellos, había creado el mundo sin el permiso del Padre celestial. Y esa creación fue una gran equivocación, y el hombre como resultado está totalmente depravado. Ellos decían que el Dios del Antiguo Testamento era ese Creador inferior, y que no es el mismo gran Dios del Nuevo Testamento.

Según ellos, los hombres somos creación de ese Dios inferior, y por lo tanto no tenemos capacidad ninguna de hacer lo mínimo para alcanzar la salvación. Fue una suerte para nosotros que el Padre de nuestro Señor Jesucristo tuvo piedad de nosotros y mandó a su Hijo para salvarnos. Pero porque nuestro cuerpo está depravado sin remedio, el Hijo de Dios no pudo hacerse hombre en realidad. No, sólo tomó la apariencia de un hombre, pero no era hombre en realidad. No murió en realidad, y no resucitó. Y ya que somos, según ellos, pecadores hasta el fondo, nosotros no podemos hacer nada para alcanzar la salvación. Más bien, somos salvos sólo por la gracia del Padre. (25)

Si usted todavía cree que tales maestros puedan haber sido cristianos también, note ahora lo que el apóstol Juan escribió acerca de ellos: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo” (2 Juan 7). Los gnósticos eran los maestros que negaban que Jesús había venido en carne, y a ellos se refiere Juan. El los califica, sin lugar a dudas, de ser engañadores y anticristos.

De esta manera, si nuestra doctrina sobre la salvación fuera verdad, tuviéramos que enfrentarnos con la realidad inquietante que esta doctrina fue enseñada por los “herejes” y los “anticristos”. Sólo muchos años después fue adoptada por la iglesia.


Los cristianos primitivos basaron su entendimiento de la salvación sobre los siguientes pasajes, y otros semejantes: 

“El que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6.8-9). 

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5.10). 

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5.5). 

“Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará” (2 Timoteo 2.12). 

“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4.11). 

“Porque os es necesario la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10.36). 

“Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado” (2 Pedro 2.20-21). 

Los cristianos primitivos también citaron las siguientes Escrituras:

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Juan 15.10); 

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8.31); 

“El que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8.51); 

“Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer, tuve sed, y me disteis de beber” (Mateo 25.33-35); 

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará… El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15.1-2, 6). 

“El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Romanos 2.6-7); 

“Por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15.2); 

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12.25); 

“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1.12). 


  1. Ireneo, Against Heresies, tomo 4, capítulo 27, sección 2.

  2. Tertuliano, On Repentance, capítulo 6.

  3. Cipriano, Unity of the Church, sección 21.

  4. Tertuliano, On the Resurrection of the Flesh, capítulo 4; Against the Valentinians, capítulos 24-30; Against Marcion, tomo 1, capítulos 2, 13, 17-21; Ireneo, Against Heresies, tomo 1, capítulos 5, 6, 24-27; tomo 4, capítulos 28, 29.

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