CÓMO RECUPERARSE ESPIRITUALMENTE POR MEDIO DE LA ORACIÓN

COMO SE RECUPERAR ESPIRITUALMENTE POR MEDIO DE LA ORACIÓN

Ciertamente, en todas las épocas, siempre hubo más cristinos(as) debilitados espiritualmente que cristianos en pleno vigor espiritual.

El motivo de tanta debilidad y apatia espiritual se debe a los ataques de nuestros tres enemigos (como ya lo publicamos en este blog este maravilloso estudio ¡que ha ayudado a miles de personas! – ver em https://heliocolombe.wordpress.com/2011/04/04/los-3-mayores-enemigos-de-un-cristiano/). Estos ataques del mundo, de la carne y del diablo han sido más efectivos que nuestra capacidad o experiencia para defendernos. Y es esta la única razón de que muchos estén tan debilitados espiritualmente.

No vamos a entrar en tanta teología o teoria, sino en términos prácticos:

¿Qué nos impide de nos recuperarnos espiritualmente?

Tres cosas: Pecado, o frialdad espiritual o vacío del Espíritu.

No siempre el motivo de la debilidad de un cristiano es un pecado no arrepentido. Algunas veces él (o ella) no ha llegado al punto de cometer un pecado (como un robo, asesinato, adulterio, fornicación, etc), pero la debilidad existe por causa de falta de consagración espiritual. Y ¿qué es eso? Consagración es dedicarse a la vida espiritual y obra de Dios, al regreso al primer amor y prática de las primeras obras.

Creo que he publicado también es este blog (o a lo mejor en mi blog en portugués) sobre un artículo respecto al primer amor. ¿Cómo podemos regresar al primer amor? ¿Será buscando rescatar sentimientos antigos?, ¿de qué forma eso es posible? La verdad, no logramos volver al primer amor comenzando por volver a los sentimientos iniciales de nuestra jornada cristiana, sino volviendo “a la práctica de las primeras obras” (Apocalipsis 2:5) . Quien logra volver a las primeras obras, ¡luego volverá a los primeros sentimientos! No hay que desesperarse por no estar todavía sentiendo lo mismo que antes, sino que volver a las prácticas, o sea, a las obras antiguas.

Eso puede parecer equivocado, ya que muchos dirán: “¿Cómo volverás a las primeras obras si no tienes los primeros estímulos interiores, el fuego adentro, etc?”. La respuesta es: Entre más sientas la falta y necesidad de la unción antigua, más fuerte la buscarás y pronto la tendrás.

Lo que quisiera recalcar es que debes inmediatamente volver a practicar las primeras obras de tu vida cristiana aunque no sientas nada. Aunque te sigas sintiendo una piedra de hielo. Simplemente no pares, no desanimes. Siga en las obras mismo no teniendo resultados, mismo no viendo Dios participando, mismo que notes que estés haciendo todo con la fuerza de la carne. Eso puede parecer locura, pero es mejor que no hacer nada. Es mejor que estar completamente retirado de la vida cristiana. Además, es justamente este estado de frustración que probarás va a ayudarte a buscar a Dios con lágrimas. Y eso es lo que más necesitas.

Si sigas en un estado de hibernación espiritual, de inactividad total, jamás volverás a ser lo que eras antes. Y en verdad, Dios quiere que seas no lo mismo de antes, sino que ¡mejor que antes!

Todo avivamiento nació de un sentimiento de frustración con uno mismo. Grandes hombres y mujeres de Dios, al toparse con la frustración y decepción con los resultados de su trabajo en el Señor, comenzaron a humillarse y a intensificar su manera de orar. Fue entonces que ellos volvieron a oír a Dios y a recibir una renovación de Su unción.

A parte de eso, debes urgentemente aislarte del mundo. Vas a (re)encontrar a Dios en la soledad. No hay otro camino. Mientras estés en medio a una fiesta y rodeado de amigos, no podrás oír la voz de Dios y tu estado se pondrá peor hasta el infierno. O renuncias a la amistad del mundo o renuncias a la amistad con Dios. Ambas son contrarias. ¿Qué prefieres? Con las dos cosas no entrarás en el cielo.

Moisés, Elias, Jeremías, Pablo, Ana, y a todos los grandes hombres y mujeres de Dios del presente y del futuro les tocó enfrentar la soledad y aislamento para encontrar a Dios. No serás una excepción. Si quieres unción, la obtendrás en la soledad. Tendrás que lidiar con ella sin miedo. Sabes que tendrás que hasta ser olvidado por muchos para que reaparezcas después transformado en un nuevo líder.

Te he dado ya dos pasos para empezar: Frustración y aislamento.

El tipo de oración que debes hacer no es una oración apática y sin calidez. Gran parte de las personas que comienzan a orar de nuevo, trás un tiempo de silencio con Dios, ya no saben más cómo empezar. Se quedan de rodillas y calladas, simplemente pensando en la vida. Pero, si quieres solamente pensar en tu vida y problemas, no hace falta que te arrodilles, ni que te encierres en un cuarto. Eso no es oración. Tocaste la campana de la puerta de Dios, Él te la abrió y te quedas ante Él callado pensando en tu propia vida. ¿Qué quieres? ¿No hablas nada?

7 SECRETOS PRÁCTICOS PARA PODER ORAR MÁS Y MEJOR

  1. ORA EN ALTA VOZ: Esta es una gran clave para la victoria en la oración. Escucha tu propia voz mientras oras. Evitarás la distracción y dejarás de viajar en tus pensamientos mientras hablas con Dios. Estás delante de una persona real y importante que es Dios. Él quiere escuchar TU VOZ y no a tus pensamientos – ver Cánticos cap. 2, vs. 14.

Quizás alguién diga: “Pero, Dios conoce mi corazón”. Si lo conoce, pero oración no tiene nada que ver con lo que estás diciendo. Si quieres orar de verdad, tendrás que hablar con Dios con la misma certeza y realidad tal como hablas con otra persona. De lo contrario, seguirás frio y apático hasta la destrucción de tu alma. Así que funcionan las cosas en la práctica.

Ana apenas movia sus lábios. Eso es cierto. Pero, eso no es estar en silencio. Mover los labios es diferente de estar callado sin siquiera mover la boca. Intenta orar solo con pensamientos y después orar moviendo la boca aunque no se escuche palabra. ¡Es muy distinto! Ella estaba en un lugar público y no queria que nadie la escuchara sino apenas Dios. Pero, el esfuerzo de mover los labios significa que ella intentaba pronunciar palabras de manera desesperada. Y es justo esa oración desesperante que nos lleva a un avivamiento pleno.

Orar en voz alta no asegura que Dios nos escucha mejor, pero no nos deja distraernos con pensamientos que nos lleva a perdernos en la oración.

  1. ORA SIN PARAR, PERO SI PARES QUE SEA APENAS PARA ESCUCHAR A DIOS. Cuando paramos de hablar en la oración, nuestros pensamientos dejan de dar las palabras y se quedan apenas recibiendo palabras. O bien: Al dejar de hablar, pasas a escuchar, aunque no seas palabras audibles, pero escuchas a tus pensamientos. Dejarás de ser activo para ser pasivo en una conversación.

Tampoco puedes, en una conversación hablar en tiempo todo y al terminar te despides sin darle al otro oportunidad de hablar. Eso es muy raro y totalmente egoista.

Orar es platicar con Dios. Debes solo parar de hablar cuando Él te hable. ¿Cómo El nos habla? ¿En la primera persona, como por ejemplo: “Hijoooo míooo, Yo te digo eso…”? No. Te digo por mi experiencia que nunca Dios me ha hablado así. Pero, en los momentos de oración, generalmente en el medio de ella, se me ocurren tantas “ideas” o “recuerdos” de lo que que toca hacer, que de hecho, es algo deveras extraordinario. Tengo que a veces hasta escribir o grabar lo que se me está ocurriendo, pues es increíble como el Espíritu Santo nos da tanta dirección y inspiraciones.

Pero, siempre debes tener cuidado con no dejar tus pensamientos volver a viajar al estar en silencio. Mantén el foco en Dios sea hablando o escuchándoLe.

Es muy cierto que la oración nos hace ser más concentrados en lo que realmente interesa y importa.

Cuando tengo un día muy agitado y mientras mis pensamientos aun están muy “acelerados”, generalmente al ir a orar, antes de comenzar mi oración, me pongo en silencio durante un par de minutos y dejo que mis pensamientos conturbados se desvanezcan primero. Dejo mi mente vaciarse antes de entrar en oración. Es cierto que puedo en el transcurso de mi habla con Dios mencionar todo lo que pasó durante aquel día, pero no empiezo mi oración con tantos pensamientos en mente para que eso no me haga desviar mi atención y me haga estar pensativo en otras cosas cuando tenga que orar.

  1. ORA CON INTENSIDAD. Jesús interrumpió su oración por dos veces pues no alcanzaba una confirmación clara de la voluntad de Dios cuando estuvo en el Jardin de Getsemaní. Después de orar tres vezes fue que realmente logró reconocer la Voluntad del Padre. Y eso ¡porque oró con más intensidad! (Lucas 22:44).

Orar sin voluntad, sin ánimo, con vergüenza y sin vida es peor que no orar. Si quieres alcanzar el corazón de Dios debes no apenas pedir, ¡sino que buscar y tocar hasta que se abra! Los que quieren respuestas inmediatas y instantaneas jamás serán victoriosos en la oración. Pues tendrás en muchas veces que perseguir aquello que quieres saber o tener de Dios.

Orar es también como una batalla jurírica, donde estamos ante un Juez, un Abogado, un Acusador, etc. Nos tocará estar con los argumentos de la Palabra de Dios; con la procuración, dignidad y autoridad de Su Nombre; y rogando la misericordia y intercesión del Espíritu Santo para nos dar la victoria. Si hablas a un juez con desanimo y sin fe en tus razones, ciertamente serás derrotado.

Si volves a orar trás mucho tiempo lejos de la vida de oración, es muy probable que lleves tiempo para sentir la presencia de Dios. Él sí te estará escuchando, seguramente. Sin embargo, te tocará humillarte bajo la Poderosa Mano de Dios durante algunos días más. Va a parecer que Dios está de espaldas para ti. Y ¡con toda razón! Pero, no te olvides: “Dios resiste a los soberbos, pero da gracia a los humildes”. Simplemente ¡humíllate! Humíllate en tu cuarto en secreto para que en público el Padre te recompense. Persigas la presencia de Dios como Jacob que luchó con Dios con muchas lágrimas. Nada está perdido, pues quien te trajo de vuelta y te hizo desear a orar de nuevo fue el propio Dios, ¡si no lo sabes! (Oseas 5:15). Ora con esa intensidad de Cristo y con el desespero de Ana.

  1. ORA CON TODO CORAZÓN Y SINCERIDAD. ¡Cuántas veces pedimos cosas a Dios que ni siquiera las queremos de verdad! ¿De veras que lo quieres eso? ¿De veras que quieres ser quebrantado? ¿Que quieres más unción? ¿Quieres realmente sufrir por la causa de Cristo? ¿Te acuerdas de lo que pediste hace una semana atrás? No. Parece que no lo quieres de verdad. No deseas algo de todo corazón y muchas veces lo pides por costumbre de repetir las mismas palabras o no tener tanta sinceridad y deseo por aquello. Cuantas veces decimos: “¡Señor! No me metas en tentación”, pero nos gusta aquella tentación, entonces ¿estamos siendo completamente sinceros? ¿Estamos luchando y resistiendo el pecado hasta la sangre? No. Estamos siendo llevados por las voluntades carnales y nuestras oraciones están llenas de hipocresía inconsciente. “Pedro, ¿Tú me amas de verdad?”, ¡Le preguntó Jesús por tres veces! Y al paralítico: “¿Quieres ser curado de verdad?”, al verle tanto tiempo acostumbrado a aquella situación (Juan 5:6).

Por tanto, pide algo y no lo dejes hasta haberlo recibido completamente. Hay que desearlo y buscarlo de todo corazón (no apenas pedir ligeramente). ¿Por qué nos contentamos con tantas oraciones sin respuesta? ¿Por que no nos importamos si nuestras oraciones siguen sin contestación? Es porque no deseamos de todo corazón lo que pedimos, diferente de Ana que estaba desesperada en angustia por lo que queria de Dios: Dar la luz a un hijo varón.

No tenemos las cosas porque no las pedimos, dice la Palabra de Dios (Santiago 4:3). Pero, a eso contestamos: “Sí, lo pedí. Dios que no me quiso dar”. Pero, cuando las Escrituras nos invita a pedir, no es pedir como nos suele: Apenas una vez y sin ganas. Pedir es perseguir de todo corazón hasta alcanzarlo.

  1. ORA CON LA META DE AL MENOS UNA HORA POR DÍA. El Señor se admiró que sus apóstoles no oraban con Él ni por lo menos una hora. Eso es lo mínimo para la sobrevivencia de un ser humano. Si al menos una hora por dia no oras, ¡ya estás muerto, querido(a) hermano(a)! Solamente cuando pongas eso por obra que notarás qué tan muerto estabas. Orar esporádicamente es malo y peligras a enfriarte nuevamente. Ora con una meta: Una hora por día. Si no lo puedes una hora seguida sin inerrupción, hazlo en tres periodos de 20 minutos. O dos periodos de media hora. A medida que te acostumbres a la vida de oración, aumentarás para tres periodos de 30 minutos ¡y habrás orado una hora e media por día! Más adelante, si subes para 40 minutos (apenas 10 minutos más) por cada periodo, ¡habrás orado dos horas diariamente!

Algunos científicos dicen que todo lo que hacemos por 21 días seguidos se vuelve un hábito. Los hábitos suelen a hacer parte de nuestra personalidad. Orar no es una práctica de 21 días ó 40, sino una práctica de por vida. Nunca más dejarás de orar, después que cumplas un periodo determinado de días em que ores por lo menos una hora por día.

Pero, ¿debería orar con el reloj? Sí, por supuesto. No hay problema en eso. Hasta que te disciplines a orar puedes usar el reloj por lo menos hasta que llegues el limite mínimo exigido por el Señor a sus discípulos: ¡Una hora! Al princípio, parece que la hora no pasa, pero a lo largo de tu oración, verás qué tan rápido pasó el tiempo.

No te olvides que nuestra carne tiene prisa para terminar la oración. La Palabra dice: “No te apresures a irte de Su presencia, ni en cosa mala persistas; porque Él hará todo lo que quiere.” (Eclesiastés 8:3). Dios seguirá contigo hasta que digas amém (ver Génesis 18:33). No es algo educado a una persona tener prisa en terminar una conversación con alguien. Más parece que quieres librarte luego de aquella persona. No podemos hacer eso con Dios. Si quieres terminar tu oración así de rápido, eres como niños que tocan la puerta y corren antes que el vecino se las abra. ¿Por qué haces eso? Toca y permanece. Entra en la morada de Dios. Gástate tiempo allí. No tengas prisa. Él es el Señor del tiempo y puede regalarte el tiempo que necesites. Olvídate del tiempo, pues si no tienes tiempo para orar es porque haces más cosas que deberías hacer. Trabajas en vano y sin la bendición de Dios.

  1. ORA HASTA GOLPEAR A TU CARNE. ¡No hay hombre que le gusta orar! Pues la oración es un sacrificio que a la carne no le gusta. Hasta los hombres más espirituales, ya vez o otra, tuvieron que esforzarse mucho para orar, ya que su carne pedía que no lo hiciese. Pero, no podemos ser inconstantes. Dios nos pone a prueba. Es cuando tu carne menos quiere orar que grandes bendiciones estarán esperando por ti. El apóstol Pablo nos enseñó que debemos “golpear nuestro cuerpo” (1Co 9:27), no en sentido literal, pero en el sentido de no permitir que las voluntades perezosas y placenteras de nuestra carne nos domine. Pongámos nuestra carne en su debido lugar: Bajo la superioridad del Espíritu. La oración es placentera al espíritu nuestro, además de curar el cuerpo y el alma. No es tan facil orar, si lo fuera, todos los cristianos y pastores del mundo orarían mucho más. Sin embargo, los tesoros de la vida espiritual están reservados solamente a aquellos que vencen a la carne y la golpean si ella no quiere obedecer.

7. VIDA ESPIRITUAL ES VIDA DE ORACIÓN. Para tener vida con Dios, es necesario tener vida espiritual (pues Dios es espírito y importa que sus adoradores Le adoren en espíritu y verdad), y para tener vida espiritual es necesario una vida de oración. Son tres cosas totalmente dependientes y inseparables. Cuando falta una falta todas. No puedes tener vida espiritual si no oras, y tampoco tendrás vida con Dios si no te derramas en oración a diario. Un día sin oración es un día perdido en su histórico de galardón. Es un día menos en tu historia con Dios. Solo con oración es que tu caracter va a ser moldeado dia con dia a la semejanza de Cristo. Solo con oración estarás a diario cara a cara con Dios. Puedes leer mucho la Biblia, evangelizar demasiado, trabajar en la iglesia como nadie, pero si no oras en secreto por lo menos una hora por dia, eres tan solamente un robot que realiza cosas de manera mecánica. No tiene nada de espiritual y de bendición celestial en tu trabajo.

El Señor Jesus pasó tres años y medio con sus apóstoles. Ellos estaban acostumbrados a convivir en la compañía de Su Maestro. Cuándo Jesús murió, ellos casi desfallecieron. Cuándo Él resuscitó, ellos se quedaron en éxtasis de tanta alegría. Pero, en los 40 días que Cristo pasó con ellos antes de ser asunto a los Cielos, el Señor no se quedaba con ellos 24 horas por día como antes de morir. Jesús les aparecía, les hablaba, comía con ellos, se confraternizaba y luego desaparecía de nuevo. ¿Por qué? ¡Porque les estava preparando para que se aconstumbrasen con un nuevo tipo de relación (comunión) con Dios: La vida espiritual!

La vida espiritual sería algo nuevo diferente de lo que ellos solían vivir. Ellos estaban adaptados a ver y tocar en Cristo según la carne (como dice Pablo en 2Co 5:16). Ahora, para que ellos oísen y hablasen con su Mastro, tendrían que orar. Sería una comunión invisible y por fe que ellos tendrían que pasar a tener. Si no orasen, no tendrían más contacto con Cristo y morirían secos en la nostalgia.

¡BASTA DE LEER, VE Y PONLO ESO POR OBRA YA!

¡Es justamente eso que pasa con tantos hijos y hijas de Dios! Viven de nostalgia: Nostalgia de su primer amor con Dios. Nostalgia de la iglesia. Nostalgia de cuando tenían poder del Espíritu. Nostalgia de las canciones de alabanzas. Nostalgias de las veladas a solas con Dios. Nostalgia de leer y entender la Biblia. Nostalgia de la santidad. Nostalgia de ganar almas. Pero, ¡basta ya! No es sabio decir que los tiempos pasados fueron mejores que hoy (Eclesiastés 7:10). Un día de regreso a la presencia de Dios vale más que mil (Salmo 84:10). Tienes que parar de vivir de nostalgias. Tienes que parar de creer que eres una víctima, y asumir su culpa por la frialdad y resolver eso inmediatamente. Ya sabes cómo resolverlo. ¿Qué más esperas? Termina luego esta lectura y ponte em oración. Ora hasta las lágrimas. Ora con veemencia, con intensidad. Ora de verdad. Ve a un cuarto donde puedes aislarte por algunos días si sea necesario y pasa tu tiempo allí con Dios. ¡Ayuna! Estés solo a pan y agua y ora hasta que los cielos se te abran de nuevo. O mueres de una vez o te reconcílias con Dios para siempre. No puedes más estar tíbio(a).

Espero que todas estas palabras leas muchas veces y ponlas por obra. Darás testimonio aquí en los comentarios que lo hiciste y lo lograste. Dios te bendiga.

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Misionero Helio

30/Dic/2020

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