42 – #Pentecostés: El pecado y el Fruto de la Presencia del Espíritu

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1- LA PRESENCIA DEL PECADO Y DEL ESPÍRITU EN EL CRISTIANO:

El pecado no saldrá de nosotros mientras estemos con este cuerpo de corrupción. Debemos resistirlo y evitarlo de por vida, mientras el fruto del Espíritu debemos buscarlo y cultivarlo.

Siempre el Espíritu Santo dentro de nosotros nos da la victoria contra el pecado. Jamás el pecado ganará al Espíritu. Si ya perdimos alguna batalla fue nuestra culpa. Porque si nos sujetamos a Su dominio, el pecado no será el más fuerte. El Espíritu siempre nos dará poder sobre el pecado. Que NO es el mismo Poder para ser testigos (como dijo Jesús en Hechos 1:8).

El Poder sobre el pecado está explicado por el Apóstol en Romanos capítulo 8. Un fragmento de este maravilloso capítulo así dice:

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora (habita) en vosotros. Y si alguno no tiene (habitando) el Espíritu de Cristo, no es de Él. Pero si Cristo está en vosotros (adentro), el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Romanos 8:9-10)

Esa habitación se da en la Conversión. Traeremos adentro el pecado (desde que nacimos) y el Espíritu (desde que Nacimos de nuevo). Los dos estarán adentro peleando entre si. Disputando nuestras vidas. ¡Y el que decide a quien de los dos escuchará somos nosotros!

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17)

La carne significa la naturaleza humana contaminada por el pecado. No es apenas “la naturaleza humana”, pues no siempre ella fue corrupta. Adán y Eva antes de caer, no tenían sus naturalezas corrompidas. Después de cometer el pecado, la naturaleza humana fue manchada y así nacieron los hijos a la semejanza de Adán. (Génesis cap. 5: compara el versículo 1 con el 3). La naturaleza humana fue “sazonada” con el pecado.

Con el recibimiento del Espíritu adentro del creyente en Cristo, el pecado interior pierde el poder, aunque permanece adentro, pero mortificado.

2 – PORQUÉ UN CRISTIANO QUE TIENE EL ESPÍRITU SANTO CAE EN PECADO

¿Es posible que el cristiano con el Espíritu Santo peque?

Si es posible. Todos nosotros cometemos pecados, pero ya no más vivimos en el pecado. Vivir en pecado significa vivir habitualmente pecando. A veces, por descuido y por no estar andando en Espíritu, uno no vigila y comete un pecado accidental. ¡La carne venció una batalla! Accidentes acontecen por no estar atentos y alertas, lo suficiente. Accidentes causan dolores inmediatas y futuras, pero aun se puede recuperar de determinados accidentes.

Con la confesión y arrepentimiento es posible recuperarse de un accidente espiritual.

Pero, peor que estar en la carne (antes de la conversión) es haber sido lleno de Dios y después regresar a la vida carnal, a la vida pecaminosa. Este es un peligro que no tiene remedio. Eso es mortal.

Si cometes un pecado aun después de haber recibido el Espíritu, eso ocurrió porque “no andabas en Espíritu”. No nos encontrábamos en aquel momento dirigidos por el Espíritu. No nos dejamos llevar por el Espíritu, sino que dejamos que nuestro yo anduviera solo, por si mismo, independiente. Por un pequeño momento, dejamos la influencia, dirección, guía, poder, del Espíritu para vencer el pecado y fracasamos. Jesús dijo “porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Pero, ¿eso significa que antes o después de pecar hemos perdido el Espíritu Santo? ¿Que por eso o antes de eso nos quedamos vacíos del Espíritu Santo? ¿Significa que Él se alejó? NO. Para que alguien llegue al punto de perder el Espíritu Santo o ultrajar el Espíritu de la Gracia, es necesario un proceso de caída extenso y muy degradante. En los próximos días, trataré de explicarles qué es “estar vacío del Espíritu” y “vacío del Poder” (dos cosas distintas, con personajes distintos).

La señal que no perdiste el Espíritu Santo, que quizás Él está entristecido, resistido, ofendido, pero aun permanece es: Aun sientes dolor al pecar. No te sientes a gusto después que pecas. Tal vez, en el mero instante, del placer de la carne, sientas gusto, que aun así se mezcla con un disgusto. Pero, todo el que un día conoció a Dios, si vuelve a pecar, no conseguirá “pecar en paz”.

El gran peligro es si prosigues con eso: Día con día apagarás el Espíritu hasta no haber más Salvación para ti. Si el Espíritu se apague completamente nunca más se encenderá. Es verdad que el Espíritu solo viene una vez, después nunca más.

Si no has caído, acuérdate que: Toda decadencia comienza por volver a gustar los placeres de la carne. Este es el primer escalón hacia bajo. (En estos 50 días estás subiendo!!! Cuídate para que no bajes nunca más).

La victoria está en parar de alimentar a uno y pasar a alimentar su opuesto: ¡Pára de alimentar la carne y alimenta el Espíritu! Alimenta el Espíritu con la Palabra, la oración, el ayuno, con consagración, con el congregar más, evangelizar, el pensar en las cosas de lo alto y no las de aquí de la Tierra. Resulta que fortaleces a uno y debilitas a otro. ¿Qué quieres debilitar y qué quieres fortalecer? Si tus tentaciones se están poniendo irresistibles, eso es señal que estás dejando tu carne dominarte más que el Espíritu. Corta el pecado antes que él te derrote y ponte a alimentar tu espíritu.

3 – LA CONCIENCIA DEL CRISTIANO

Algunas personas preguntan si hacer cosas que no son pecados, pero que no son actitudes espirituales, es decir, son neutrales, si eso hace mal o bien a la vida con Dios. Por ejemplo: Si ir al cine, si oír una música romántica, si participar de una fiesta, si practicar deportes, si contar un chiste, bailar, etc. Respondería con mucha precaución que ¡cada quien tiene que buscar conocerse y saber bien de sus límites!

Pregunto: En tu pasado, ¿tales canciones te traían que tipo de recuerdo o qué tipo de emoción? ¿sales bien con tu conciencia después de una determinada fiesta? ¿Pierdes el control y vuelves a tomar o decir cosas no convenientes a un hijo de Dios? ¿sigues en paz con Dios, con tu conciencia y con todos? Hay tres tipos de cosas: Las cosas que nos edifican, las cosas que nos derrumban, y las cosas que no edifican y tampoco derrumban. Así que, ¡en todo hay que vigilar a todo instante!

La Biblia muestra que no es malo disfrutar con moderación y sabiduría de esta vida corta: Lee Eclesiastés 9:7-10. Especialmente si tienes a tu lado una esposa temerosa de Dios. Si puedes disfrutar de algo de esta vida tan dura y pasajera, ¡qué lo hagas! Dios te lo ha bendecido.

4 – QUÉ ES EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

El fruto del Espíritu Santo es apenas uno. Es un conjunto completo de 9 virtudes que NO surgen solo después del Bautismo con Poder de lo Alto. Ellos vienen desde nuestra conversión verdadera a Cristo. Es decir, cuando nacimos del Espíritu. Es obvio que tal como en la naturaleza inanimada, tal lo es en la espiritual: El fruto no nace grande y formado, tampoco nace forzosamente, sino de manera natural y espontánea. Él brota y va creciendo día con día. Él va desarrollando a medida que lo cultivamos de manera adecuada.

¿Cómo cultivamos el fruto del Espíritu?
Pensando, viviendo, buscando cada vez más, consagrándonos, practicando las cosas del Espíritu (sus frutos) (ver Romanos 8:5-14). Sin desconectarnos jamás de la Vid Verdadera (Juan 15:1-9), para que podamos recibir la rica Savia del Olivo (Romanos 11:17) y estar firmes en la Raíz (Romanos 11:17) – (*1).

¿Cuáles son los frutos del Espíritu Santo?

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Amor: Un estado de querer hacer el bien al prójimo.
Gozo: Una alegría por la salvación y por el perdón de Dios.
Paz: La tranquilidad de espíritu por estar ahora de bien con Dios. Contrario de alma conturbada y afanada.
Paciencia: En relación al semejante.
Benignidad: Puede ser mejor entendido como amabilidad, gentileza.
Bondad: La cualidad de ser bueno, de no saber hacer mal.
Fe: Aquí es la cualidad del fiel que tiene fe. Es la confianza en Dios que el futuro está en Sus manos. A veces se traduce como fidelidad.
Mansedumbre: No ser agresivo, violento.
Templanza: Dominio de si mismo. Tiene control de sus voluntades, deseos, ira, apetitos, etc. Además, aquí también (una vez más) nos da referencia a rechazar las experiencias inconscientes, paranormales, etc.

La prueba viva de que tenemos el Espíritu Santo son dos cosas: El NO practicar las obras de la carne y el producir el fruto del Espíritu. En otras palabras: La santificación y la fructificación. El Poder del Espíritu que actúa para mantenerte a ti salvo y unido a Dios produce estos dos resultados. Este Poder no es el de “salvar otras almas”, pero es el de salvar tu propia alma. Es poder para vencer el pecado, el mundo, la carne. Por lo tanto, si no has vencido tus propias batallas ¿cómo te meterás en la guerra ajena?


(*1) – La Vid Verdadera es Cristo, la Savia de Olivo es el Espíritu Santo y la Raíz es la Palabra de Dios.

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