¿Con qué sangre en las manos?

¿Con qué sangre en las manos?

“Así que, hermanos, tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo… Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:19)

Todo aquel cerimonialismo de la Antigua Alianza era un mero simbolismo de lo que vendría a suceder. La forma del culto antiguo era una manera visible de ilustrar lo que vendría a ser hoy, de manera espiritual. Eran no más ilustraciones de lo que Cristo nos traería en el futuro.

En estos días del Nuevo Testamento, ¡el Lugar Santísimo es el lugar espiritual de la Presencia de Dios! El lugar en que comparecemos siempre cuando oramos. El Trono del Único Dios.

Para que alguien entrara en el antiguo Lugar Santísimo, debería antes pasar por el Altar. La ordem era: “No sin sangre” *(1), y “no de manos vacías” *(2). Por lo tanto, la sangre era lo único que garantizaba el acceso a la Presencia de Dios. El que se acercaba a Dios venía ¡con las manos rojas de sangre!

Hoy, igualmente, ¡solamente entramos en la Presencia de Dios con sangre! Pero, no de aquella manera simbólica, sino de manera espiritual. Luego, ¿con qué sangre nos acercamos a Dios?

Las personas que se presentan a Dios solo lo pueden con tres tipos de sangre (aunque solamente una única sangre es aceptada por Dios):

  • La sangre ajena (Heb 9:25),
  • La sangre propia,
  • La sangre de Cristo.

Sangre ajena fue la manera que los antiguos se presentaban ante Dios: Tanto los hebreos que realizaban sus sacrificios de animales, como en otras culturas que realizaban sacrificios humanos. ¡Lo curioso es que nadie se sacrificaba a sí mismo! ¡Es raro que los que buscaban el favor divino mataban a su prójimo! Hoy, algunos de igual manera, piden que Dios les oiga y les acepte tomando en cuenta un familiar finado o a un santo del cual son devotos. Hay también de los que matan borregos, gallinas, y demás bichos creyendo que, haciendo ello, serán agraciados (Heb 9:12 y 10:4). Pero, todo eso también es querer ser acepto por causa de los outros. Sin embargo, Dios no oye, tampoco acepta, a nadie tomando en cuenta la vida de otro (de otro pecador tal como él).

Con eso, algunos piensan: “Ya que no puedo ser acepto por causa de otro, ¡que sea aceptado por mi propia causa!”. Entonces, tales personas cometen un error aun más grande: Pensar que Dios las acepta y las escuchará por sus propios méritos o por lo que ellas mismas son. Ellas dicen: “Dios tomará en cuenta lo que hice… Él va a considerar mis sacrificios, mis bondades, mis esfuerzos… Dios va a considerar lo que soy y por eso me va a oír”. Pero, eso todo es querer entrar en el Lugar Santísimo con su própria sangre.

Pensando bien: ¡Qué absurdo sin límites es eso!

Dios nos pregunta: “¿De quién es esa sangre?”. Y Le respondimos: “¡Es nuestra! ¡Nuestra própria sangre!”.

¡Eso realmente no funciona! ¡Es una total ignorancia o mismo burrez! A veces, falta de humildad o, en algunos casos, hasta una ofensa a Dios. Si para Dios todos tenemos que ser representados, ¿cómo puedo pensar que no necesito de Representante? Si todos tenemos que llevar la sangre de un Sustituto, ¿cómo voy a llevar mi propia sangre? ¡Ni mismo los paganos que sacrificaban vidas ajenas eran tan ciegos como las personas que reclaman respuestas de Dios usando sus próprias vidas y obras!

Pero, a fin de cuentas, ¿qué es la sangre? La sangre es la vida. ¿Por medio de qué vida Dios nos recibirá? Jamás Dios nos atenderá si nos presentamos a Él con nuestra propia “sangre en las manos”. Tenemos que presentar la sangre de Alguien que no sea nuestra propia, tampoco de otro ser humano pecador. ¡Aún menos estar delante de Dios de manos vacías! Desafortunadamente nuestros pecados nos quitaron el derecho de cualquier respuesta, comunión y salvación de la parte de Dios. Entonces, ¿qué hacer?

Esa es la única salida:

“…Entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” (Hebreos 10:19)

¡Esta es la “sangre que tenemos que traer en las manos”!

¿Quieres acercarte a Dios? ¿Quieres que Dios te acepte? ¿Quieres ser escuchado por Dios? Entonces, no hay otra manera que no sea ¡presentar la vida de Cristo como el único medio de alcanzar todo eso! Si no estás de acuerdo es porque todavia no asimilaste el mensaje de las Escrituras. Infelizmente sigues endurecido y sin la revelación de la salvación.

¡Renuncia ahora mismo esta autosuficiencia vana! ¡Renuncia el falso evangelho, pues solo hay un único verdadero! El “poder salvarse a si mismo” nunca fue una buena noticia, sino que siempre fue una mentira. Una vieja mentira. Ni yo, ni tú, ni nadie, tiene o tendrá jamás méritos a los ojos de Dios para que merezca ser acepto en el Lugar Santísimo. Ni siquiera entras en la Presencia de Dios con este tipo de oración. ¡Atreverse a eso es demasiado peligroso!

Acordémonos de la “oración del fariseo y del publicano” que comparecieron delante de Dios para orar. ¿Qué dijo el Señor de ellos? y ¿qué dice el Señor de ti? (ver Lucas 18:9).

Cuándo ores, di: “¡Señor! No me atrevo entrar en Tu Presencia por medio de mis propios hechos, ni por lo que pienso que deba ser considerado. No entro en Tu Presencia presentando a cualquier representante. Sino por medio de Jesucristo y por causa de Él, con Su sangre sobre mí y en Su nombre, es que entro en Tu Presencia…”.

¡Feliz pascua!


*(1) – Hebreos 9:7, 18  – (RV-1960)

*(2) – Éxodo 23:15…

¡El que piensa que Dios le responderá por causa de sus sacrificios es más cego que los paganos que sacrificaban vidas humanas en la antigüedad!

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