Un cristiano carente

un-cristiano-carenteUN CRISTIANO CARENTE.
Conocí un joven que nunca se firmó en ninguna iglesia. Siempre estuvo en lo máximo 6 meses en cada iglesia local que frecuentó y luego salía diciendo haber encontrado allí defectos.

Tras pasar por muchas decenas de congregaciones y ser un conocedor superficial de tantas denominaciones (lo que le daba algún orgullo por saber comentar poco de varios lugares), él fue a visitar el lugar donde nos reunimos.

Sus ojos críticos pasaban por todos los rincones de nuestro salón en una velocidad increíble, brazos cruzados, semblante serio para a lo mejor mostrar superioridad, a menudo ponía su mano en la boca como quien quiere sostenerla para no hablar lo que le gustaría, movía las piernas mientras sentado demostrando inquietud, no sonreía, evitaba participar, era apenas alguien que no queria involucrarse, sino que claramente estaba ahí apenas para “observar” y nada más.

Lo noté desde el púlpito y sabía que éste era un “juez más” que nos daba “el honor de su presencia”. Al fin, estaba seguro que me buscaría, o más bien, seguiria sentado esperando que yo me me acercara a él. Así lo fue. Después de atender a todos, noté que éste poco se movió de su lugar, hasta que yo tomara la iniciativa (sinceramente con ganas de decirle: “¿terminaste tu juicio? ¿Qué te parece?”).

Pero, me acerqué sonriendo, sabiendo lo que más o menos oiría.
Después de intentar romper su silencio y hacer mi última pregunta: “Bueno, ¿Quieres decir algo más?” (que solamente hablar en monosílabos). Él decidió decirme que no encontraba en ninguna de las tantas iglesias que pasó el AMOR cristiano tal como en la iglesia primitiva.

No le dije porque no había pensado en esta respuesta en la mera hora, pero, ¿será que él había vivido en la iglesia primitiva para realmente saberlo? Pienso que no. (Hechos 6:1-2…).
Sin embargo, tuve una plática más larga que imaginaria con el muchacho, soltero, y muy dependiente de sus padres (que se diga de paso). Con poco éxito, pude hacerle pensar que él era en verdad un “cristiano carente”, que esperaba amor de todos y se frustraba por concluir que este pleno amor solo en el paraíso a lo mejor encontraría.

Pero, una de las preguntas muy interesantes que le dejé fue esta: “¿El Señor Jesús alguna vez nos dijo que esperáramos amor de los demás o que diéramos amor incondicionalmente?”.

Él se fue y nunca más regresó (bueno, todavía no, pues debe estar visitando otras centenas de iglesias más buscando “el amor verdadero que nunca lo encontró en todas las demás iglesias”).

Yo pienso que un día, él podrá volver no solo a mi iglesia, sino a todas las otras, muy presumido diciendo: “¡Ves! Encontré una pequeñita iglesia escondida adonde hay de hecho el verdadero amor!!”. Y quizás intente llevar algunos miembros nuestros a su “congregación que rebosa el amor tan buscado”. Pero, todo eso, les digo, es apenas más una persona tremendamente carente que está dispuesta a subastar su corazón por quién le dé más apapachos. Infelizmente, tales personas nunca fueron “bautizadas en UN cuerpo” y luego se “decepcionarán” de nuevo y seguirán vagando por la vida, sin haber construido nada de bello para la Gloria de nuestro Señor.

Seguirán en soledad, amargadas, sensibles, carentes, pero ellas mismas no son capaces de amar “sin esperar nada a cambio”.

¡Realmente amar es cosa de gente sencilla!

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