¿Fue la Última Oración de Cristo sobre el ecumenismo?

imageLa última oración de Cristo está registrada en el Evangelio de Juan capítulo 17. Es una las partes más preciosas de toda Escritura.

Pero, ¿de qué se trata tal oración? ¿Por quién pidió Cristo y a quiénes se refería al orar?

Muchos líderes católicos afirman que Jesús estaba tratando de profetizar sobre la unión entre el catolicismo y el protestantismo en los fines de los tiempos. Pero, ¿será eso verdad?

LA UNIÓN DE DOS PUEBLOS SEPARADOS

El Pueblo de Dios, elegido para ser sacerdocio santo, fueron a principio los judíos. O cómo eran llamados en el pasado: Los hebreos, descendientes de Abraham.

Además, sabemos que los primeros cristianos fueron judíos. Sabemos también que el Señor Jesús, a principio, había venido a los de la “Casa de Israel” y que su Evangelio debería ser predicado primeramente a ellos (Mateo 10:5-6). Y así fue: El Evangelio fue primeramente predicado en Jerusalém por los 120 bautizados con el Espíritu en Pentecostés. En este mero domingo de Pentecotés, 3000 judíos fueron convertidos y de ahí se esparcieron por el mundo llevando el Evangelio.

Pero, la Obra de Dios en Israel no alcanzó a todos los judíos. Ellos resistieron y no aceptaron la Resurrección de Cristo, comenzaron a partir de ahí una violenta persecución a los primeros cristianos liderada por los judíos. Muchos fueron martirizados, despojados de sus casas, abandonados, apedreados, y sufrieron demasiadamente por el Nombre de Jesús:

“Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis un fuerte y doloroso combate; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo, y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante: porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos” (Epístola a los CRISTIANOS HEBREOS 10:32-34).

¡Hubo una terrible e infeliz separación dentro del Pueblo de Dios! Los judíos decidieron no juntarse con los cristianos y viceversa. Los judíos rechazaron completamente el Evangelio del Reino y a partir de ahí, estaba ocurriendo una transición en la historia del pueblo de Dios: Los judíos estaban siendo tratados tal como trataron a Cristo y sus primeros discípulos: Con rechazo. En su lugar, los gentiles que se convertían, ocupan el puesto de Pueblo de Dios.

La iglesia compuesta de los gentiles que estaban ingresando al Reino ya no tenía nada que ver con los judíos que les tocaba vivir por muchos siglos de total oscuridad espiritual.

Fue eso profetizado por el Señor cuando dijo sobre los judíos:

“Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8:10-12)

El propósito y Voluntad de Dios NO era que los judíos se alejasen de Dios. Dios y Cristo querían que ¡tanto judíos como gentiles pasasen a formar un solo pueblo de Dios! Al mirar a Jerusalém, nuestro Señor dijo:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste! Vuestra casa os es dejada desierta, pues os digo que desde ahora no volveréis a verme hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 23:37-39)

Por causa del rechazo de los judíos, Jesús estaba profetizando dos cosas: Juicio (castigo) a aquellas generaciones endurecidas, pero, también que en un futuro, ¡habrían de clamar por Él y lo verían!

¡Qué maravillosa profecía!

¡La verdad es que todo el Nuevo Testamento hace referencia a eso! El pueblo de Dios se había separado, pero, en tiempos finales, volverían a unirse y a ser uno.

En la oración, Jesús así habla con Dios Padre:

“…Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que Tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a Mí me has amado” (Juan 17:20-23).

  • “… no solamente por estos”, es decir, por los primeros cristianos judíos que allí estaban.
  • “también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos”: Los gentiles (naciones no judías) que formarían la Iglesia Cristiana.
  • “para que todos sean uno”: Independiente de la raza, lugar o tiempo (era).

Por lo tanto, los dos pueblos que Cristo quiere que se unan y sean uno es: Israel y la Iglesia.

LAS DOS PARÁBOLAS DE CRISTO SOBRE ISRAEL Y LA IGLESIA

¡Vean qué curioso son las dos parábolas que están conectadas y juntas en el capítulo 13 de Mateo! Aquí están:

“Además el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un CAMPO, el cual un hombre halla y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
“También el Reino de los cielos es semejante a un comerciante que busca buenas PERLAS, y al hallar una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.” (Mateo 13:44-46)

El Hombre de las dos parábolas compra dos cosas: El Campo y la perla hallada en el mar.

La perla solo es encontrada en lo profundo del Mar, y se sabe que “mar” es bíblicamente símbolo de las naciones, de los gentíos.

El Tesoro del Campo es el remanente de Israel y la Perla preciosa es la Iglesia cristiana compuesta de gentiles.

EL APÓSTOL PABLO CONFIRMA ESTA UNIÓN

En la epístola a los Efesios, Pablo explica magistralmente el tema del Pueblo de Dios, sobre judíos y gentiles, y en sus palabras dice:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades (la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas), para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos y a los que estáis cerca, porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En Él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:11-22)

Pablo explica que en la Cruz, o sea, en la Muerte de Jesucristo, se inició la unión entre judíos y gentiles. Luego, antes de ir a la Cruz, cuando hacía su última oración, ¡Jesús estaba pidiendo justamente eso! La unión que pedía era entre los dos pueblos: Judíos y Gentiles convertidos.

imageLA UNIÓN ENTRE ISRAEL Y LA IGLESIA CRISTIANA ES UN HECHO MÁS EVIDENTE EN LOS DÍAS DE HOY

El representante mayor del catolicismo no se muestra tan amigo de Israel, por el contrario, defiende políticas que va en contra Israel y que es favorable a los enemigos del pueblo judío.

Pero, la iglesia evangélica cristiana (o protestante, como les gusta llamar) ES EL ÚNICO GRUPO EN EL MUNDO QUE ADMIRA, DEFIENDE, ORA, SE ACERCA Y LUCHA POR ISRAEL. No hay otro pueblo, grupo o gente que se interesa tanto por Israel y su pueblo que la iglesia cristiana.

Y, lo más extraordinario, es que justamente ahora, en estos tiempos actuales que sufrimos “dolores de parto”, estamos unidos por el dolor y persecución en común. ¡Horrendos enemigos nos odian “en común”! Y no tenemos a otros para unirnos en el dolor sino con Israel y con la Iglesia Cristiana. No existe pueblo que más ame sin intereses a Israel que la iglesia cristiana.

La oración de Jesús está siendo respondida como nunca antes.

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