Conde Nicolás Luis von Zinzendorf – Misionero

Nicolas-Ludwig-Von-ZinzendorfConde Nicolás Luis von Zinzendorf 

¿Cuáles son los logros de los moravos con el apoyo del conde Zinzendorf y que aprendemos con ellos:

I – UNA CIUDAD REFUGIO

La ciudad de Herrnhut se vuelve una ciudad refugio con una creciente comunidad con casas y talleres bien construidos. Eso se debía a la influencia que tenía el Conde y su capacidad de liderazgo e inteligencia para formar una comunidad autosuficiente alrededor de sí. Formaba cristianos y ciudadanos de bien que se sostenían y prosperaban con el trabajo. Eso despertaría el interés de los demás vecinos, pues tales condiciones no se veían en otras partes.

II – ORACIÓN Y UNIDAD

Espíritu de oración y unidad de toda comunidad. Había una dedicación constante y sincera de sus miembros en la oración y en mantener la unidad del grupo. Esa es el principal fundamento para supervivencia de una iglesia. Nada es motivo de separación. La unión del grupo tiene que ser preservada a toda costa.

III – DEPENDENCIA DEL ESPÍRITU

La dependencia del Espíritu y estima a su Obra (en el avivamiento ocurrido en 1727 en aquella ciudad). El avivamiento es consecuencia espiritual de una vida de dedicación por buscar a Dios en primer lugar. No dependían de la fuerza intelectual o política de su líder. Se reconocían dependientes del Espíritu Santo, el Otro Consolador. La Obra no es de hombres, sino de Dios. ¿Cómo obtendremos éxito en confiar en nuestros brazos de carne? Valoraban la comunión, obra y presencia del Espíritu. Sabían que un avivamiento (pues así lo consideraron al acontecer) no vendría de esfuerzos humanos. ¡Cuántos peces podemos pescar al aprender echar las redes conforme Dios y no por la fuerza de nuestros brazos, ni por nuestra experiencia de pescadores!

IV – NO ENFATIZADOS EN LA TEORÍA NI VENCIDOS POR LAS DISCREPANCIAS

No permitieron que la mucha teoría fuera la gran característica de su trabajo. Diferentemente de la Reforma que se centraba en apenas corregir la doctrina y preservarla. Ellos se preocupaban no tanto en discutir, sino en vivir un cristianismo vivo, en la práctica: el amor cristiano en acción. No se preocupaban en la formar grandes teólogos sino grandes evangelistas laicos.

A pesar de algunos problemas internos dentro de la comunidad en relación a diferencias de fundamentos religiosos (al llegar tantos nuevos moradores), los moravos superaron crisis y se centraron en la vida práctica cristiana y misionera.

V – AUTOSUFICIENCIA ECONÓMICA 

Un gran secreto del éxito de los moravos fue el hecho de que sus evangelistas (que eran compuestos de todo pueblo) no dependían de recursos de una iglesia local para vivir. Si hubiera o no recursos económicos destinados al sostenimiento de sus obreros, eso no impediría el progreso de la Obra (puesto que ellos “no adoptaron este sistema de supervivencia”). Ellos tenían sus oficios, independiente de la Obra de Dios que realizaban. A parte de evitar que muchos obreros “sanguijuelas” se aprovechasen de la iglesia.

VI – PASÍON POR LAS ALMAS

Una iglesia apasionada por evangelismo y misiones. La meta era compartir la fe y no aumentar conocimientos y doctrinas.

VII – DIÁLOGO CON “EL DIFERENTE”

Zinzendorf intenta dialogar con las demás iglesias buscando unirlas en la obra misionera (aunque no obtuvo éxito). Dejando de lado “todos los detalles” que nos dividen tanto, debemos aprender con Zinzendorf a dialogar con el hermano diferente con el fin común de salvar almas. Si no tenemos éxito en derrumbar nuestras propias barreras (o paredes de una misma casa), ¿cómo vamos a derrumbar las murallas tan grandes que son las puertas del infierno?

VIII – CAPACIDAD DE RESTAURACIÓN

Su capacidad de restaurar el movimiento cuando este se estaba tomando rumbos no buenos. Al ver, que su grupo se volvía cada vez más místico, Zinzendorf orienta bien sus seguidores. La manera de evaluar la espiritualidad de las personas no era la del conocimiento bíblico, sin embargo, la amenaza era otra: Se medía la espiritualidad por medio de las sensaciones y a lo sobrenatural místico. ¡Eso es peligroso! Inconscientemente habían implantado una jerarquía basada en los sentimientos y sensaciones. Tal como felizmente se dio con los moravios, hoy, debemos notar eso rápidamente antes que cualquier futuro elemento de división amenace el grupo. ¡Restaurar antes que sea tarde!

Helio Colombe


FRAGMENTO DEL LIBRO: “HASTA LO ÚLTIMO DE LA TIERRA” DE RUTH A. TUCKER:

Conde Nicolás Luis von Zinzendorf 

Uno de los más grandes misioneros de todas las épocas, y el individuo que hizo más por el avance de la causa de las misiones protestantes durante el siglo dieciocho y fue un noble alemán. el conde Nicolás Luis von Zinzendorf se tuvo una influencia poderosa en los comienzos del cristianismo protestante, que en muchos aspectos igualó o superó la de sus amigos Juan Wesley y Jorge Whitefield. Inició el evangelismo ecuménico, fundó la Iglesia Morava y escribió muchos himnos; pero, por encima de todo, impulsó un movimiento misionera mundial que preparó la escena para Guillermo Carey y el “Gran Siglo” en las misiones que vino posteriormente.

Zinzendorf nació en 1700 en una familia rica y noble. La muerte de su padre y el nuevo matrimonio de su madre hizo que quedara al cuidado de su abuela y de su tía, las cuales lo criaron. Su ferviente pietismo evangélico inclinaba su corazón a los asuntos espirituales. Su primera enseñanza fue reforzada por su educación. A la edad de diez años fue enviado a estudiar a Halle, donde recibió la inspiradora enseñanza del gran pietista luterano August Hermane Francke. Allí Zinzendorf se reunió con otros jóvenes devotos, y de su asociación surgió la “Orden del Grano de Mostaza”, una hermandad cristiana dedicada a amar a “toda la familia humana” y a la propagación del evangelio. De Halle, Zinzendorf fue a Wittenberg a estudiar derecho como preparación para la carrera de estadista, única vocación aceptable para un noble. Pero él no estaba contento con lo que le deparaba el futuro. Anhelaba entrar al ministerio cristiano, pero el rompimiento de la tradición familiar parecía imposible. La cuestión lo abrumó hasta 1719, cuando un incidente, durante una gira por Europa, cambió el curso de su vida. En una visita a una galería de arte, vio una pintura (el Ecce Homo de Domenico Feti) que mostraba a Cristo sufriendo el dolor producido por la corona de espinas, y una Inscripción que decía: “Yo hice todo esto por ti, ¿qué haces tú por mí?”. Desde ese instante, Zinzendorf supo que nunca podría ser feliz :viviendo al estilo de la nobleza. A pesar del precio que tendría que pagar, buscaría una vida de servicio al Salvador que había sufrido tanto por salvarlo.

La oportunidad de participar en un servicio cristiano de importancia no se le presentó a Zinzendorf hasta 1722 cuando un grupo de refugiados protestantes buscó protección en su propiedad en Berthelsdorf, que después se llamó Herrnhut (que significa “el cuidado del Señor”). La invitación de Zinzendorf a estos refugiados a establecerse en sus propiedades, a pesar de la oposición de otros miembros de su familia, fue un punto decisivo en el desarrollo del movimiento moravo. Herrnhut creció rápidamente al tenerse noticias de la generosidad del conde. Los refugiados religiosos siguieron llegando, y pronto la propiedad se convirtió en una creciente comunidad, que se distinguía por sus casas y talleres recién construidos. Pero, al crecer la población, también aumentaron los problemas. Los diferentes fundamentos religiosos de los residentes crearon discordias y, en más de una ocasión, se puso en peligro la propia existencia de Herrnhut.

En 1727, cinco años después de la llegada de los primeros refugiados, todo el ambiente cambió. Un período de renovación espiritual llegó a su clímax en un servicio de comunión el 13 de agosto con un gran avivamiento que, según los participantes, señaló la venida del Espíritu Santo a Herrnhut. Sin tener en cuenta lo que haya sucedido en cuanto a lo espiritual, no cabe duda de que esta gran noche de avivamiento produjo un nuevo entusiasmo por las misiones, que fueron la principal característica del movimiento moravo. Las pequeñas diferencias doctrinales ya no constituyeron causa de discusión. Al contrario, había un fuerte espíritu de unidad y una elevada dependencia de Dios. Se comenzó una vigilia de oración que continuó veinticuatro horas al día, siete días a la semana, sin interrupción, durante más de cien años.

La participación directa en las misiones en el extranjero no ocurrió sino hasta unos años después del gran avivamiento espiritual. Zinzendorf asistía a la coronación del rey danés Christian VI, y durante las festividades le presentaron a dos personas de Groenlandia (conversos de Hans Egede) y a un esclavo negro de las Indias Occidentales. El quedó tan impresionado con su solicitud de misioneros que invitó al esclavo a visitar Herrnhut, y él mismo volvió a casa con un sentido de urgencia por empezar inmediatamente la obra misionera. Antes de un año se enviaron los primeros dos misioneros moravos a las Islas Vírgenes, y en las dos décadas siguientes los moravos enviaron más misioneros que los enviados en conjunto por los protestantes (incluidos los anglicanos) durante los dos siglos anteriores.

Aunque a Zinzendorf se le conoce principalmente como iniciador y motivador de misiones, también participó personalmente en empresas misioneras en el extranjero. En 1738, unos años después que los primeros misioneros habían ido al Caribe, Zinzendorf acompañó a tres nuevos misioneros que habían recibido la comisión de unirse a sus colegas allí. A su llegada, vieron con tristeza que sus colegas estaban en la cárcel; pero Zinzendorf, sin pérdida de tiempo, usó su prestigio y autoridad de noble para obtener su libertad. Durante su visita celebró servicios religiosos diarios para los caribeños, y dispuso la organización y las asignaciones territoriales de los misioneros. Cuando vio que la obra misionera estaba firme, regresó a Europa. Después de dos años, zarpó de nuevo, esta vez hacia las colonias norteamericanas. Allí trabajó, hombro con hombro, con los hermanos que laboraban entre los indígenas. También visitó las congregaciones moravas y luteranas, y trató de unirlas; pero no tuvo éxito en ninguna de las dos actividades. Los luteranos rechazaron sus planes ecuménicos, y no causó muy buena impresión entre los indígenas.

Aunque Zinzendorf había renunciado a su vida de noble, nunca pudo dominar su arrogancia ni su engreimiento, y le fue difícil rebajarse al rango de simple misionero. No le gustaba la vida en el campo, ni las molestias de la obra diaria de un misionero. Consideraba a los indígenas como incivilizados y rudos, y no le gustaba que se metieran en su vida privada. Es sorprendente que su incapacidad para relacionarse con ellos, o para llevarse bien con ellos, no apagara su entusiasmo por evangelizarlos. Zinzendorf fue principalmente un administrador de misioneros y, antes de salir de América, nombró a veinte misioneros más para la obra entre los indígenas norteamericanos.

Como administrador de la misión, Zinzendorf pasó treinta y tres años como supervisor de una organización que tenía bajo su dirección misioneros en todo el mundo. Sus métodos eran sencillos y prácticos. Estos métodos todavía pudieran ser útiles a las misiones modernas. Todos sus misioneros eran laicos preparados, no en teología sino en evangelismo. Como laicos que se sostenían a sí mismos, se esperaba que ellos trabajaran lado a lado con sus posibles conversos, dando testimonio de su fe por la palabra hablada y por el ejemplo vivo. Se debían mostrar como iguales, no como superiores a ellos. Su tarea era solamente de evangelismo, sin participar en los asuntos políticos o económicos de la localidad. Su mensaje era el amor de Cristo, un mensaje evangélico muy sencillo, sin considerar las verdades doctrinales hasta, después de la conversión; y aun entonces, el misticismo emocional tenía más importancia que la enseñanza teológica. Primero que todo, los misioneros moravos tenían mentalidad de solteros. Su ministerio estaba antes que todo. Abandonaban a las esposas y a los familiares por la causa de Cristo. Se animaba a los jóvenes a que permanecieran solteros, y cuando se permitía el matrimonio, a menudo se elegía el cónyuge al azar.

El ejemplo principal de dedicación a la obra fue el propio Zinzendorf, quien dejaba a su esposa e hijos cuando viajaba por Europa y otros países extranjeros. Su exilio de más de diez años, lejos de su patria, complicó aun más su vida familiar. En su ausencia, su hábil esposa Erdmuth manejaba sus asuntos comerciales y legales. Ella se preocupaba menos por mantener intacta su relación matrimonial que, como se sabía, se había ido enfriando, y los últimos quince años fue un matrimonio nominal solamente. No obstante, la muerte de ella fue causa de amarga tristeza para Zinzendorf. Según John Weinlick, su biógrafo, “…el remordimiento agravó la pena del conde. El no había sido justo con Erdmuth. A pesar de lo que digan los críticos, él no le había sido infiel durante sus largas separaciones; pero él había sido desconsiderado en extremo. El había olvidado que ella era mujer, esposa y madre”.

Después del año de luto por Erdmuth, Zinzendorf se casó con Ana Nitchmann, una campesina que, junto con otras personas, lo había acompañado en sus viajes por muchos años. El matrimonio se mantuvo en secreto durante más de un año, en parte para evitar la controversia familiar, por haberse rebajado a casarse con una mujer que estaba por debajo de su clase social. A pesar de su humilde origen, Ana fue una devota hermana morava. En lo místico, ella tuvo una fuerte influencia ideológica en Zinzendorf. Este fenómeno le trajo problemas serios a la misión.

Bajo la dirección del conde, la Iglesia Morava había hecho mucho hincapié en la muerte de Cristo. Cuando era niño, el conde había meditado en la muerte y la agonía del Señor, y su llamado al ministerio se había manifestado al contemplar una pintura que representaba la agonía de Cristo. Con el correr del tiempo, lo que había sido un énfasis se volvió una obsesión, y toda la iglesia parecía sumida en una forma extremista de misticismo. Tanto los hermanos como las hermanas moravas se consideraban muy indignos al hablar en detalle de la pasión y muerte de Cristo. En una carta circular enviada a las iglesias, Ana (años antes de su matrimonio con Zinzendorf) escribió: “Como un gusanito, quisiera meter me en sus heridas (las de Cristo).” Zinzendorf mismo se refería a los hermanos como “gusanitos de sangre en el mar de la gracia”. Se formó una “Orden de Necios”, y Zinzendorf animaba a los miembros a portarse como niños y a considerarse como “pececillos que nadan en la sangre” o “abejitas que chupan las heridas de Cristo”.

Mientras que algunos pueden pensar que la obsesión de los moravos con la muerte física de Cristo fue sólo una desviación de la herencia cristiana evangélica, la importancia de tal desviación es aun más profunda en su relación con las misiones cristianas. Cuanto más mística e introspectiva era la identificación personal de los moravos con el sufrimiento físico del Señor, tanto menos se preocupaban por las necesidades de los demás, en especial con relación al evangelismo mundial. Ellos pensaban que sus experiencias místicas, basadas en los sentidos, eran evidencia de la más alta espiritualidad, y despreciaban el lado práctico de su fe. Por eso se vio afectada la causa de las misiones cuando se discriminaba a los misioneros activos por no haber alcanzado el elevado plano de espiritualidad de los místicos.

Todo esto pudo haber causado la rápida desintegración de este gran movimiento misionero; pero, afortunadamente, el conde recobró el buen juicio antes de que eso ocurriera. Admitió que la condición da la iglesia había “degenerado mucho”, y que “tal vez él tenía la culpa”. Zinzendorf pudo dejar atrás ese período “breve, aunque terrible” y orientar bien a sus seguidores otra vez. Por supuesto, ese hecho habla de la grandeza del conde.

La contribución de Zinzendorf a las misiones se puede apreciar mejor en la vida de los hombres y mujeres que aceptaron su reto a dejarlo todo por amor del evangelio. Toda su motivación era el amor de Cristo al sacrificarse por el mundo. Con ese mensaje fueron ellos hasta lo último de la tierra.

Más biografias de este tipo en: https://heliocolombe.wordpress.com/tag/misioneros/

Anuncios

2 comentarios en “Conde Nicolás Luis von Zinzendorf – Misionero

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s