48 – #Pentecostés: Los Pobres de espíritu

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¿Cómo es un cristiano lleno de la Presencia del Espíritu?, y:

¿Cómo es un cristiano lleno del Poder del bautismo del Espíritu?

Un cristiano se llena del Espíritu (es habitado por Él) a partir de su Nuevo Nacimiento y desde ahí él comienza a producir naturalmente los Frutos del Espíritu Santo: Amor, alegría, paz, paciencia, fe, mansedumbre, bondad, etc. Tendrá “poder sobre el pecado” que ya no reinará sobre él. Será transformado en un hijo de Dios semejante al Primogénito de Dios (Jesús). No basta estar lleno del Espíritu, tendrá también que “andar en Espíritu” (Gálatas 5:16), para constantemente vencer las tentaciones y peticiones de la carne. “Andar en Espíritu” significa mantenerse en un estado espiritual que no cederá a la carne, ya que esta estará en conflicto con él constantemente. Significa no permitir que nada debilite o desvanezca el fruto del Espíritu mencionado aquí. Andar en Espíritu es mantenerse en proceso de santificación espiritual y cultivo de estos frutos.

Ya un cristiano que se llena del Poder del Espíritu Santo (al “venir sobre” éste) es cuándo recibe el revestimiento de lo Alto, o sea, el Bautismo con el Espíritu Santo. Estará más que lleno, sino que será un río rebosante del Espíritu Santo. El Espíritu se manifestará a través de él con poder para salvar a los demás. Pasará a manifestar los dones del Espíritu conforme Dios le use y tendrá una función dentro del Cuerpo para realizar un tipo de servicio espiritual.

Pero, no somos llenos de Su Presencia ni de Su Poder de una vez por todas. Tenemos que constantemente (y de por vida) permitir que Él nos llene, para que tengamos mucho “aceite” cuando nuestro Señor regrese (Mateo 25:8). Ver también Lucas 12:35 y Eclesiastés 9:8. La orden de Dios es esta: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18), al pie de la letra: “Id siendo llenos (constantemente) del Espíritu”.

¡Los que no se llenan constantemente van a vaciarse con el tiempo!

 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3)

Esta es una palabra que tenemos que mantenerla viva en nuestros corazones a todo instante. Habla de una promesa gloriosa y de una condición. La promesa es de heredar el Reino de los Cielos, y la condición es de ser un pobre de espíritu.

La primera característica de un verdadero Ciudadano del Reino es ser pobre de espíritu. “Pobre de espíritu” significa “necesitado de espíritu”, es decir, es un necesitado de las cosas espirituales. ¡Él nunca se considera rico, por más que haya recibido! Él nunca se cree autosuficiente. Nunca él cree que ya ha alcanzado la cumbre de la montaña, tal como Pablo dijo:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago:olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

¡El hombre que fue enseñado directamente por Cristo, que estuvo en el Paraíso y regresó, que escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, que predicó el Evangelio a muchas naciones, que hablaba por lo menos cuatro idiomas, que era conocido antes de encontrar a Cristo y después aún más. En fin, este verdadero gigante, ¡consideraba que no había alcanzado la perfección espiritual!

El Señor Jesús censuró severamente el ángel de la Iglesia de Laodicea (que figura proféticamente las actuales megas-iglesias de la ostentación) pues él ya no era más pobre de espíritu:

“Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo” (Apocalipsis 3:17)

La actitud que siempre Dios espera de nosotros es de mantenernos como eternos necesitados espirituales. La palabra que Jesús usó para decir “pobre” de espíritu significa un pobre demasiadamente pobre, ¡un mendigo! No significa alguien con pocos recursos, sino uno que no tiene ningún recurso. Completamente pobre y carente. Si tú ofrezcas un plato con puro frijoles y un pan seco a un rico, seguramente él se ofenderá y por lo menos te dirá: “¡No necesito de eso! Yo como comidas mejores que esta… ¡Que lo comas tú!”. Pero, si ofreces este mismo plato a un mendigo, él lagrimeará y te agradecerá, lo recibirá con mucha alegría y lo devorará con tanto apetito que te sentirás feliz por ver a alguien disfrutando aquella sencilla comida. ¡Eso es lo que Jesús quiso decir con: “Pobres de espíritu”!

Estas personas son bienaventuradas, son felices, ¡porque ya se les está preparado el Reino de Dios! Ellas son los herederos del Reino aunque no lo han poseído todavía.

Muchos viven un orgullo espiritual y denominacional que da asco. Se creen los fariseos, portadores del conocimiento de la religión, supuestos intérpretes de la Ley (como si la Palabra de Dios necesitara intérpretes). Se asientan en la “cátedra de Moisés” y consideran que han llegado a un nivel inalcanzable. Son habladores de sí mismos, autobiógrafos, aman ser adulados. Perdieron completamente su esencia, ¡si es que un día la tuvieron!

Nunca te juzgues lleno a punto de no tener que buscar más. El buscar ser lleno debe ser una actitud constante y interminable. Ser lleno es estar bajo el control del Espíritu y en la plenitud del Poder de Dios. Es no haber espacio para nuestro yo dominante. ¿Estamos llenos de Dios o llenos de sí? ¿Hemos recibido la Palabra con frialdad, indiferencia o con alegría y mucho gusto? ¿Ya has visto la cara de las personas mientras se está dando la Palabra en la iglesia? ¿Es difícil identificar los “pobres de espíritu”?

Yo que te hablo, ¡soy un mendigo! Soy un eterno mendigo de las cosas de Dios. He recibido mucho, pero, no me satisfago con la comida de ayer. No puedo beber agua por hoy y por mañana. A cada día tengo que beber mi cantidad diaria. Si no sienta sed, estaré gravemente enfermo. Me sacio ahora, pero mañana ansío un vaso de agua como un sediento del desierto. ¡Qué gran secreto es este!

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