46 – #Pentecostés: ¿Qué impide la manifestación del Espíritu?


¿Qué impide la manifestación del Espíritu Santo?

Hemos visto a lo largo de este devocional, que lo que impide de recibir el Bautismo en el Espíritu son algunos factores como: La duda, el prejuicio religioso, una vida no convertida a Cristo. Pero, lo que estamos mostrando desde el mensaje pasado es un tema importante para después de haber recibido este Bautismo: ¿Qué impide la manifestación del Espíritu? O sea, ¿qué hace que la dinamita de poder en nuestro interior se ahogue?

Los puntos que tratamos ayer fueron sobre la incapacidad de creer y la timidez. Recapitulando rápidamente: La fe limitada pone igualmente límites en la manifestación del Espíritu. Él actuará proporcionalmente a nuestra capacidad de creer en Sus Obras. Ya la timidez, es un problema serio que nos estorbará justo cuándo más el Espíritu quiera manifestarse a través de nosotros. Hasta mismo para que uno sea bautizado en el Espíritu, habrá dificultades de acontecer si el candidato sea tímido.

Hoy, vamos a explicarles el tercer y cuarto ingrediente para ser más usado por Dios.

El Espíritu Santo siempre se manifiesta de muchas maneras sorprendiendo a todos. Nunca es el hombre que realiza la Obra, pues cuando él cree así, estará robando la Gloria que es exclusiva de Dios; querrá ofuscar a Cristo, pero su luz nunca será suficiente. La Luz que reflejamos no viene de nosotros, no es de hombre, sino de Dios. Una luz sobrenatural que no necesita ser imitada o copiada. El que tiene luz propia no depende de la luz de otro, pues ha recibido Luz directamente del Padre de las Luces (Santiago 1:17), esa es, por ejemplo, la diferencia entre la Luna y el Sol.

Hay mucha gente que no predica y nunca predicó nada, ella apenas copia, dice lo mismo que escuchó de otros, no es capaz de recibir inspiración directa de Dios, pues no tiene comunión con Dios. Su comunión con Dios está rota y cortada hace tiempo, o quizás nunca la tuvo, por eso, depende de copiar lo que otro dice y lo que el otro hace.

Cuanto a ti, querido hermano, si quieres imitar a los otros, ¡imita a Cristo y sus apóstoles! Aprende de los Evangelios y del Libro de Hechos de los Apóstoles y hazlo sin imitar a gentes que quieren ofuscar a Jesús con su supuesto éxito. Nunca imites a estos predicadores y falsos apóstoles ricos. Ni siquiera Jesús tuvo lo que ellos tienen de material. Jesús nunca dijo: “Tendrán más que Yo”, tampoco: “Serán más que Yo”, sino dijo: “Harán mayores obras que Yo, si creen” (Juan 14:12).

3) ENTREGA O DEDICACIÓN: 
Este ingrediente se trata de la dedicación y sacrificio de uno en la Obra en que el Espíritu le confía. Dios nos concede talentos y espera que nos esforcemos y los multipliquemos. Algunos se entregan más a lo que les fue dado, otros, menos. En la misma proporción reciben la recompensa y ven los frutos. Vemos por ejemplo, aquellos obreros que se aplican en dar lo mejor de sí en la tarea que les toca y de ¡cómo son solicitados por Dios y por las personas que buscan a él! El que más se ofrece para servir siempre será el más solicitado. Así será siempre.

Lo que es muy triste en la Obra es ver las personas que se guardan de todo. Que se mantienen apenas observando y nunca participan de nada. Apenas ahí están esperando que algo salga mal para que inmediatamente critiquen y se burlen. Son personas que quieren participar de algo apenas como comentaristas. Son personas individualistas, egoístas, perezosas, demasiadamente reservadas, que no les gusta compartir, donarse, servir. Ellas no hacen parte del Cuerpo.

“De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6-8).

(Les voy a poner el mismo versículo como está en la traducción en portugués para ver si lo entendemos mejor el sentido):

“Teniendo diferentes dones según la gracia que nos fue dada: si profecía, que sea según la proporción de la fe; si ministerio, que nos dediquemos al ministerio; o el que enseña que se esmere en hacerlo; o el que exorta que lo haga con dedicación; el que contribuye, con liberalidad; el que preside, con diligencia; quien ejerce misericordia, con alegría“.

¡Entrega a Dios también implica en muchas renuncias! Si me entrego a Dios y a su Obra, opuestamente tendré de renunciar otras cosas que me ocuparían aquel tiempo, energía, lugar, dinero, etc. No puedo servir a dos amos, por lo tanto, a uno tendré de renunciar. Así dice la Palabra de Dios:

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1ra Corintios 9:24-26)

Hay muchos otros pasajes, pero dejo que otros amigos los pongan en los comentarios…

4) CONSAGRACIÓN:
Consagración también significa dedicación. ‘Es la dedicación de uno mismo a un Dios’, según el diccionario. Pero, esta dedicación que me refiero, no es al trabajo en sí, pese que hay un dicho muy cierto que dice: “El trabajo consagra”.

La consagración que me refiero aquí es la consagración espiritual por medio de la separación de toda distracción, la separación del mundo, la práctica más intensa de la oración y ayuno, la humillación del yo a los pies de Cristo, de alimentarse (armarse) más de la Palabra y meditar en ella.

Los que así hacen, ¡se concentran más en el Espíritu! Sus oídos y sensibilidad espiritual aumentan excepcionalmente. Además, su fe y poder estarán más a la “flor de piel”.

“Y les dijo: Este género (de demonios) con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29 y Mateo 17:21).

“Y yo (Daniel) volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza” (Daniel 9:3)

Lo que más Dios está buscando por toda Tierra es apenas un hombre. UNO. Uno que esté viviendo entre los que viven en tu pueblo, en tu ciudad, en tu país. Uno hombre que se olvide de todo y se consagre totalmente a Él.

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé” (Ezequiel 22:30)

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

“Recorred las calles de Jerusalén, y mirad ahora, e informaos; buscad en sus plazas a ver si halláis hombre, si hay alguno que haga justicia, que busque verdad; y yo la perdonaré” (Jeremías 5:1)

“Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice El Señor; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2)

“Porque los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con Él” (2do Crónicas 16:9).

Un gran ejemplo de consagración era la vida de los nazareos. El más famoso entre ellos fue Sansón. De eso vamos a hablar mañana…

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