36 – #Pentecostés: ¿Un don prometido o un don ofrecido?

 

¿Qué es recibir el Espíritu Santo? 

El Don del Espíritu Santo, o sea, Su Revestimiento de Poder, hasta que llegara el día de Pentecostés, era la “Promesa del Padre”, es decir, era un Don prometido de Dios. Pero, después del Pentecostés (descrito en Hechos cap. 2), este Revestimiento de lo Alto ya no es más un don prometido, sino un “don ofrecido“.

¿Cuál es la diferencia?

La diferencia es que si fuera apenas una promesa, yo debería esperar pacientemente. Pero, como es un “don ofrecido“, la manera de reaccionar es de recibir tan solamente. Lo que me prometen, yo espero; lo que me ofrecen, yo lo recibo o lo rechazo. Con mi fe puedo recibir la bendición o rehusarla. Así como Dios Padre envió a Jesús (y muchos no lo recibieron, sino que lo esperan hasta el día de hoy), ¡así también el Padre y el Hijo nos enviaron el Espíritu Santo! ¿Por qué esperar más? 

Lo que impide a uno de recibir el Bautismo de Poder es la duda. La fe recibe. La duda surge cuando uno piensa que el Bautismo ya no es para hoy. Que uno no lo puede recibirlo. Que uno no lo merece (¿y quién lo merece? ¡nadie!). Que debe esperar más hasta que el Espíritu venga. En fin, ¡son tantas dudas que impiden que uno abra su fe para recibirlo de verdad!

Comparemos lo mismo que pasa con la salvación del alma: Supongamos que al oír sobre la salvación un perdido diga: “Si Dios me quiera salvar, Él me salvará”. ¡Eso es duda! Eso va a impedir que uno sea salvo. El recibimiento de la salvación está en cuando uno pone fe en lo que Dios dice y ofrece. ¿Será que Dios no quiere salvar a éste? ¿Ya no es un hecho consumado, un don ya ofrecido, la salvación proveída por Cristo? Si no fuera de la Voluntad de Dios, Dios no había “puesto todo en la mesa” (Ver Mateo 22:3 y Lucas 14:17).

Recibir no es una actitud pasiva, como si alguien me empujara algo sobre mi regazo y no tuviera otra opción sino “recibir”. Tiene que haber mi participación activa y voluntaria en eso.  El “recibir” a Jesús, como también el Espíritu Santo, en términos bíblicos es comparado con alguien que “recibe en casa” por su propia voluntad a un huésped como siendo parte de la familia. Eso es recibir de corazón.

Lo primero que hago, en caso de las bendiciones invisibles, es aceptar la verdad sin poner obstáculos. Hay que recibir esta verdad en el corazón. Apenas con eso, yo “limpio el camino”, lo aplano. Y cuando voy a orar pidiendo y buscando el Espíritu Santo, con esta fe, podré recibirlo en experiencia.

El Revestimiento del Espíritu Santo ya fue dado. ¡Basta recibirlo! Y no más estorbemos a Dios.

Dios está más interesado que tú que tengas el Revestimiento de Poder. Él desea dar el Poder de lo Alto a nosotros más que un padre quiere alimentar sus propios hijos.

Compártelo con un amigo que quierer recibir el Espíritu y no lo sabe cómo:

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