16 – #Pentecostés: Qué es Adorar

QUÉ ES ADORACIÓN A DIOS (La diferencia entre Alabar y Adorar):

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La alabanza es la acción de elogiar. Es reconocer los méritos y obras de una persona. En nuestro caso, del único Dios Triuno. Alabanza no es sinónimo de canciones, aunque se puede usar canciones para alabar a Dios, pero, alabar es reconocer verbalmente hablando, cantando, y de todo tipo de forma ordenada las maravillas de Dios. Existen personas que solo saben alabar a Dios por medio de canciones, pero, las letras de las canciones ya están casi siempre listas y a veces no expresa completamente lo que personalmente uno quiere decir. La alabanza que sale del corazón de uno, como reconocimiento propio y humilde de la capacidad, justicia y misericordia divinas es lo que Dios espera recibir de sus siervos.

¡Ya fue dicho por alguien que “Dios se alimenta de nuestras alabanzas”!

Pero, hablemos de “adoración”. Si la alabanza abre puertas y rompe cadenas, la adoración es capaz de hacernos ser como Él. Su imagen y semejanza nos serán impresas y recalcadas.

Dice la Palabra de Dios:

“Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (2da Corintios 3:18).

Este versículo trata directamente sobre adoración a Dios: Dice que somos transformados en Su imagen por obra del Espíritu Santo, como si fuéramos un espejo de la Gloria del Señor, cuando constantemente Le miramos con el rostro descubierto (es decir, sin los velos del Antiguo Testamento, sino con total intimidad y transparencia). ¡Refletimos la Gloria de Dios que presenciamos!

¡Adoración es eso! Es contemplar la presencia de Dios (Gloria de Dios significa la presencia visible de Dios). Es aquella reacción que uno produce tan luego se da cuenta de la Presencia de Dios ante sí. Las reacciones son diferentes: Uno se postra (en hebreo, adorar es sinónimo de postrar), uno llora de gratitud, uno alza su rostro en una paz tranquila, alza las manos, la mayoría de las veces es en silencio. Ahí, él apenas contempla a Dios en espíritu y verdad.

La adoración se concentra más en lo que Dios es. Mucho más que en lo que Dios hace. El adorador no se fija apenas en las Obras de Dios, sino en Su Propia Persona, en Su Ser. Es una experiencia transformadora.

Si tuviera que escoger un sinónimo más preciso para expresarlo diría que adoración es “contemplación”:

“Los que miraron a Él fueron alumbrados,
Y sus rostros no fueron avergonzados” (Salmos 34:5)

¡Tantos casos en la Biblia de personas que contemplaron a Dios! Moisés que su rostro resplandecía; Jacob que vio a Dios cara a car y su alma fue salva; Gedeón que luego ofreció su sacrificio de adoración (no de compra ni de petición); Abraham que se doblegaba inmediatamente; Isaías; los padres de Sansón; Juan en el Apocalipsis al ver Cristo Glorificado (no más el Jesús histórico, humano, hecho carne, que tanto conoció); Pablo en su conversión; en fin todos estas personas y muchas otras vieron a Dios y fueron transformadas.

Pero, la adoración, es decir, esta contemplación que hablamos, no es con nuestros ojos físicos, no es estar mirando como muchos a una estatua y comenzar a llorar (quien sabe de qué) *. Esta “contemplación de admiración” es con el alma, o más exactamente, con el espíritu. Nuestro espíritu se encuentra con Dios y sin ninguna experiencia paranormal ni nada de histerias, recibimos Sus “reflejos” y nos volvemos en este espejo de Dios para este mundo.

Es una orden de Dios que Le “adoremos en la hermosura de Su Santidad”, Dios es hermoso, bello, y solo Le pueden contemplar los que entran en Su Santidad, en Su Intimidad restringida. Los que fueron de hecho lavados con agua y sangre, y bañados con aceite.

Mañana seguimos…


(*) Hay muchas personas que dicen que no adoran las estatuas, pero, ¿qué es adorar? Es justamente contemplar con admiración y devoción. Tales personas se quedan con su mirada fijada a las imágenes y alegan sentir cosas, llorar, desmayar, oír cosas. Eso es adorar lo que no es Dios. Eso es un pecado gravísimo. Un idólatra nunca podrá recibir el Espíritu de Dios, sino un falso espíritu de engaño (Oseas 4:12).

TODOS LOS MENSAJES DE PENTECOSTÉS EN: http://wp.me/P3feJL-7H

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