El “apóstol” Estrupicio y su esposa, la “obispa” María Gazela

En el pueblito escondido del Valle de los Nopales, el sr. Estrupicio juntamente con su esposa María Gazela tras escuchar una prédica en Youtube de un americano vestido de trajes carísimos y un anillo de oro, decidieron por medio de una “revelación profética del 3r o 4to cielo” comenzar una iglesia en su región, pues oyeron una voz en su interior que decía:

– ¡¡Estrupiiiiiiicioooo!! Te elijo en medio de todos los pueblos de la Tierra para que seas el nuevo Moisés del Valle de los Nopales!! Ya no serás criador de gallinas, pues a partir de hoy serás un Apóstol lleno de poder y gloria. Delante de ti todos caerán y babearán.

Entonces, Estrupicio cuenta su sueño profético en que cree que visitó el 7mo Cielo de las Galáxias Celestiales a su esposa María Gazela. Entonces, Gazela, vestida de un vestido largo comienza a girar sin parar derrumbando mesas y sillas de la casa y grita:

– ¡¡Aleluyaaaa!! Yo sabía que Dios no nos iba a dejar en la miseria! Y que mi marido sería alguien en la vida… ¡Ay que bueno! Ahora soy esposa de un apóstol.

Entonces, Estrupicio, un hombre que jamás dirigió cualquier iglesia, se dio a si mismo su primera congregación. O más bien, fue a iniciarla.

La pareja pone una Biblia bajo del brazo y sale gritando en el tianguis de la comunidad de apenas 83 personas, 170 niños y 276 gallinas (además de incontables perros y gatos): “¡He aquí el gran apóstol de las naciones de la Tierra! Desde el Valle de los Nopales hasta el fin del mundo: Apóstol Estrupicio y su esposa la “obispa” María Gazela, la poderosa!”. Estrupicio, vestido de una capa roja de terciopelo y dueña Gazela con una cinturón dorado y collares brillantes comprados en un mercado chino.

La gente al oír eso sacan los sombreros y canastas de sobre la cabeza y miran indiferentes a tanto gritero de la “pareja poderosa”. 

Poco tiempo después, la pareja junta algunas 8 personas y tienen una nueva revelación: Según ellos, Dios les dice para invadir un terreno, pues a fin de cuentas toda tierra es de Dios y herencia de sus hijos “poderosos”, y construir una catedral en Valle de los Nopales. 

De acuerdo a la fantástica “revelación” este templo sería una de las 7 maravillas del mundo, que causaría envidia a los palacios faraónicos y babilonios. Algo tan fantástico que las naciones de todo el mundo vendrían y se doblegarían todos de boca abierta, babeando y girando a semejanza de la obispa Gazela. Obviamente, no se podría olvidar que en el gran altar del templo (que casi ocuparía la mitad del templo y la altura de 2 o 3 metros. ¡Realmente inalcanzable!) tendría que tener una silla, una especie de “cátedra de Moisés”, adonde se sentaría Estrupício con su báculo dorado, su capa de terciopelo roja y a su lado apenas su esposa sacudiendo una rama de árbol para abanicarlo. 

Y cuando un hermano también “profetizó” que soñó que luego se construiría un aeropuerto al lado del templo para que se recibiesen turistas y líderes mundiales para aconsejarse con Estrupicio y María Gazela, ¡la comunidad de los pocos hermanitos casi cae en delirio! Un “hermano” cae en el piso y comienza a girar como si estuviera pedaliando, todos dicen que él estaba recibiendo al unción de albañil de la obra.

Eso todo porque Estrupicio, declarado apóstol por sí mismo en la presencia de patos y gallinas, era obstinado en pensar que si los incrédulos podían construir inmensos monumentos en memoria de sus nombres, él, siendo el apóstol del Valle de los Nopales, tendría que superarlos con el poder de Dios. Para eso Dios sirve, ¿verdad?

Así, Estrupício el apóstol consagrado con aceite de coco, va a la librería cristiana de la ciudad vecina (375 kilometros de distancia), y compra un libro que realmente transforma para siempre su ministerio. El nombre del libro es: “COMO HACER 365 PRÉDICAS DE LAS GRANDEZAS EN SU PROPIA IGLESIA”. 

Además, con la “santa” herramienta del Youtube, Facebook y Whatsapp (no sé si es así que se escribe), Estrupicio sabía que no le faltaría “inspiración” para sus prédicas. Pues con “todo” eso, él siempre estaría informado y actualizado de lo que los americanos y canadienses estaban predicando por ahí.

Estrupicio ya pensaba en escribir una “epístola”!!! Y muchos lo incentivaban.

A partir de ahí, todas aquellas pocas personitas de la comunidad de Estrupicio tienen que trabajar para realizar SU sueño megalomaniaco. Todos son “convocados” a vender sus gallinas, cerdos y patos, algunos tienen que deshacerse de sus pequeños ranchos para que hubiera la “Gran Catedral” tan soñada por la “poderosa pareja”. O sea: el apóstol sueña y el pueblo trabaja, para realizarlo.

– ¡…Eso es un sueño de todos nosotros!, siempre decía Estrupicio a la gente cansada de las “365 prédicas de las grandezas”. (Pero, la verdad era que todo eso era apenas el sueño de Estrupicio y de su esposa que no paraba de hacer compras en las plazas de la ciudad vecina).

La gran “bendición” fue cuando algunos “hermanos” mensajeros de la parte del gran evangelista canadiense (uno con cara de hindú paquistaní), saben de la existencia de la pareja fantástica y proponen algo jamás esperado: ¡UNA COBERTURA! Primeramente, llevan a Estrupicio y la obispa Gazela a conocer las instalaciones y oficinas del “fenómeno canadiense”. La pareja se vislumbra con tanta riqueza y con el Rolls Roice del evangelista. Aquellos mensajeros les dicen, con una sonrisa rara en la cara: “¡Todo eso Dios les puede dar pues a fin de cuentas Dios es un Dios de grandeza y prosperidad y nosotros somos sus hijos¡”. El pobre apóstol y su pomposa esposa aceptan la propuesta con las condiciones establecidas por los desconocidos “hermanos”.

En el regreso a Valle de los Nopales, la ostentosa esposa del apóstol viene durante las 11 horas de viaje diciendo:

– “¡Ves Estrupicio! Tú estás muy flojo! ¿Ves tanta riqueza que tiene el ministerio del Evangelista canadiense? Tú no podes quedar atrás… Tú pareces que no tienes “visión de águila”Yo ya estoy harta de esta vida pequeña que me das. ¡Yo nací para la prosperidad! Y tú naciste para cosas grandes… Para ser cabeza y para comer en la mesa de los grandes!!” . 

(El gran problema, pensaba Estrupicio, es que él no sabía siquiera cómo comer con tenedor y cuchillo). 

Pasado algunos años, se construyó una “bodegota” con triángulo y columnas en la fachada, todo con dinero canadiense. Estrupicio y su esposa endrogados hasta la frente. Las prédicas del libro 365 se habían agotado. Algunas de las joyas de la obispa (unas chacharras de poco valor) tuvieron que empeñarlas para pagar la internet que cortaron. 

¡La pareja ya no pudo más! Fueron ilusionados por la ola megalomaniaca venida de Norteamérica. Creo que no necesito decir que los canadienses tomaron la “catedral” de Estrupicio. 

Todos aquellos sueños fantásticos y profecías, con sus profetas de viento, desaparecieron. Apenas sobró una cosa: LA REALIDAD. 

Estrupicio ya no lee la Biblia. Su esposa, volvió a tomar tequila que vende en carretera. No tienen más gallinas. Están viejos y viven detrás de la casa de un conocido de la antigua iglesia. A los Domingos ven el programa Teleton de Televisa.

La historia nos enseña que los “delirios en nombre de Dios” jamás tendrán Su bendición. La falsa idea de fama, riqueza y grandezas de este mundo son puras fantasías, trampas demoniacas. El que pierde su temor a Dios y su esencia humilde para ir a aventurarse a lo desconocido no puede contar con el respaldo divino. Dios no hace escándalo ni causa alboroto. No debemos llevarnos por “vientos” de entusiasmos de origen incierto. La megalomanía es una enfermedad mental.

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