El auxiliar que lucraba con la fe

Él es un tipo que se cree listo. ¡Su nombre significa “Valle de visión”! ¡Imagínate qué tanta visión debe tener este hombre! Él siempre acompañó y sirvió uno de los más grandes hombres de Dios de la la historia. Sin embargo, no aprendió casi nada. Su ambición por el dinero siempre fue su mayor tentación. Aunque vio el ejemplo de su líder que nunca fue un hombre fascinado por las riquezas de este siglo, al contrario, escogió el precio de la renuncia y de la cruz. Infelizmente, por causa de su amor al dinero, se enfermó gravemente y no se sabe más cómo murió. Les cuento la historia:

Un señor muy famoso de la época, enfermo en estado terminal, había buscado el gran hombre de Dios y, después de seguir sus orientaciones, fue milagrosamente sanado de su mortal problema.

Después de saber de su cura, busca al hombre de Dios diciéndole:

-Ahora reconozco que no hay Dios en todo el mundo, sino sólo en tu tierra. Le ruego a usted aceptar un regalo de su servidor.

El hombre de Dios le responde de la siguiente manera:

-¡Tan cierto como que vive el SEÑOR, a quien yo sirvo, que no voy a aceptar nada!

Y por más que insistió, el hombre de Dios no aceptó nada. ¿Por qué? PORQUE LAS BENDICIONES DE DIOS SON GRATUITAS.

Entonces, el famoso hombre curado se fue sin haber pagado nada por la bendición.

El detalle es que el auxiliar (el ayudante) del hombre de Dios había oído toda conversación entre los dos. Y secretamente, actuó con malicia, en cuanto luego salió de cerca su líder.

Después fue descubierto que este codicioso muchacho pensó así:

– Mi líder ha sido demasiado bondadoso con éste, pues no le aceptó nada de lo que había traído. Pero yo voy a correr tras él, a ver si me da algo.

¡Vaya! ¡Qué tipo de pensamiento más sucio!

Y así, el muchacho codicioso por el dinero ajeno alcanzó el hombre curado mientras salía detrás de su recompensa.

El hombre al ver el auxiliar del hombre de Dios, inocentemente fue a ver lo que quería. Entonces, el codicioso muchacho le miente usando el nombre de su líder y si no bastara, usa el nombre de su propia denominación, hablando en nombre de los demás de la comunidad. Así dice:

-Mi líder me ha enviado con este mensaje: “Dos jóvenes de nuestra comunidad acaban de llegar de la sierra. Te pido que me des para ellos tres mil y mudas de ropa”.

¡El hombre no tardó en ofrecer seis mil! A parte de darle también las ropas que quería.

Entonces, el muchacho, ya ensuciado con el pecado, habiendo perdido su integridad a causa del dinero y de la mentira, escondió todo en su casa y volvió adonde servía a Dios junto a su líder.

¡Esta era la “gran” visión que tenía el muchacho auxiliar! Su visión era el dinero de las personas. En el fondo de su corazón él envidiaba la vida prosperada de la gente y la deseaba para sí. Sin embargo, dentro de la vocación de la fe, él no tenía este derecho. Lo que en verdad quería era sacar provecho de la gente que buscaba ayuda. Era malicioso. Una culebra. Listo apenas para asuntos de dinero.

Pero, el hombre de Dios, sabiendo por el Espíritu Santo, de los negocios de su ayudante, le dice las memorables palabras:

– ¿Acaso es éste el momento de recibir dinero y ropa, huertos y viñedos, ovejas y bueyes, criados y criadas? Ahora la lepra de Naamán se pegará a ti y a tus descendientes para siempre.

No. Por supuesto que no es este el momento que los siervos de Dios vengan a disfrutar las riquezas del mundo. Eso está reservado para la llegada del Reino de Dios. Pero, la codicia material siempre llevará el apresurado al precipicio de la perdición. Además, recibió la maldición debido el engaño, la falsedad y por hacer negocios escondidos con la fe.

Este hombre quizo como muchos hoy, “apartar la gente de su líder” y “ganar la gente para sí”, esta es una de las especialidades de estos engañadores. Pero, la maldición, como dice la Palabra del profeta, no quedó restringida apenas a este tipo, SINO A TODA SU GENERACIÓN, o sea, A SUS HIJOS, sus semejantes.

Su nombre fue Giezi, ayudante del profeta Eliseo. Hoy día, ¡sus hijos son muchos!

Eliseo no cobraba por las bendiciones de Dios. Giezi cobraba por las bendiciones.

Fuente: 2do libro de Reyes cap. 5:19-27.

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