La horrible muerte y castigo de Judas Iscariote

Un escrito antiguo del primer siglo narra algo que estaba escondido sobre el fin de Judas, el traidor. Según dice que Apolinar, un cristiano primitivo, describe que Judas no murió ahorcado, pues la cuerda se rompió y él cayó de cabeza a punto que sus entrañas de su craneo se abrieron, agonizó por algunos días… Así dice el texto:

Papías, Discípulo de Juan el apóstol, en el cuarto libro de “EXPOSICIÓN DE LAS PALABRAS DEL SEÑOR”, describe:
“Judas anduvo por este mundo como un ejemplo terrible de impiedad; su carne hinchada hasta tal extremo que, donde un carro podía pasar sin estrechez, él no podía pasar, ni aun la masa de su cabeza meramente. Dicen que sus párpados se hincharon hasta el punto de que no podía ver la luz en absoluto, en tanto que sus ojos no eran visibles ni aun para un médico que mirara con un instrumento; tanto se habían hundido en la superficie. Sus partes vergonzosas dicen que aparecían más repugnantes y mayores que cuanto hay de indecoroso y que echaba por ellas de todo su cuerpo pus y gusanos.Y después de muchos tormentos y castigos, murió, dicen, en un lugar de su propiedad, que quedó desierto y despoblado hasta el presente a causa del mal olor. Es más, hasta el día de hoy no puede nadie pasar cerca de aquel lugar si no se tapa las narices con las manos. Tan enorme fue la putrefacción que se derramó de su carne sobre la tierra*”

En el libro de Hechos cap. 1:15-20:
“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo:
—Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo, por boca de David, había anunciado acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros y tenía parte en este ministerio. Este, pues, que había adquirido un campo con el salario de su iniquidad, cayó de cabeza y se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama (que significa “Campo de sangre”), porque está escrito en el libro de los Salmos:
“Sea hecha desierta su habitación
y no haya quien more en ella”,
y: “Tome otro su oficio”.”

Ahí sigue un video:

(Compilado de Cramer, Calma ad Acta SS. Apost. (1838), pp. I2ss., y otras
fuentes.
Lo mejor de los padres apostólicos, Alfonso Ropero, editora Clie).

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