Las 3 maneras de reaccionar después de pecar: “3) El Gran Vencedor”

3 reacciones despues de pecar

3- Pedro, el gran vencedor

El hombre que podría ser el mayor desastre de la historia cristiana, se volvió el que mejor superó sus fallas, pecados y debilidades. El apóstol de carácter inconstante, de un temperamento instable y de emociones volubles, ¡se vuelve por la Gracia de Dios una roca firme!

La historia de Simón Pedro es cautivante del comienzo al fin. No requiere que la describamos, pues es un personaje tan conocido que nos faltaría palabras. Por muchas veces en nuestras vidas nos identificamos con este hombre que a pesar de tantas fallas, siempre al lado de Jesús estaba, sea para recibir “elogios” del Maestro, como para recibir los más duros regaños.

A Pedro no le importaba si su Amo le reprobaba por tantas veces. Aún que tenía casi la misma (o tal vez la misma) edad de Jesús, él simplemente no guardaba rencor. Él era humilde aunque muy intempestivo e impulsivo. Pedro decía lo que sentía y a veces eso no era conveniente. Lo bueno es que Pedro no disimulaba sentimientos. Era una persona transparente.

Mas la victoria de Pedro fue justamente esta: ¡Siempre Pedro estaba al lado de Jesús! Fallando o acertando siempre él estaba ahí. ¡Él era un compañero para Jesús!

¡Eso es muy emocionante en los días de hoy! porque casi todas las personas quieren que el Señor nos sirva de compañía, pero ¿quiénes de nosotros queremos servir de compañía a nuestro Señor Amado? ¿Quiénes lo queremos escuchar, buscar entenderlo, moldearnos a su gusto, ir con Él adonde sea?

Los que buscan a Dios por interés material nunca sabrán qué significa eso. Ellos siempre preguntan en las horas difíciles: “¿Señor, por qué me abandonaste?”. Realmente ellos no saben ser compañeros de Cristo.

Cúando Jesús estaba aquí en carne y hueso, Pedro le servía de compañero (obviamente que otros también). En la última Cena, después de abandonado por Judas, Él dijo: “Y vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.” (Lucas 22:28-30). Ese Reino, como ya lo explicamos, no sería en este siglo, sino en la llegada del reino de Cristo, en su Reinado. Antes de ello, tocaría a ellos y a nosotros permanecer en las pruebas como los compañeros de Cristo.

La única vez que Pedro se alejó de su Señor le causó la mayor tragedia de su vida: Pedro pecó muy gravemente, fue el momento más terrible de su vida. Su fidelidad fue probada y él no resistió la presión. Negó a Cristo por tres veces.

Y Jesús, en aquel momento, aun siendo traicionado, no deja de mirar a los ojos de su compañero. Pedro, al darse cuenta de su pecado, reacciona de la siguiente manera:

“Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:61-62)

Jesus salva a Pedro que se hundia

Pedro pide auxilio a Jesús que lo salva

Pedro se arrepintió amargamente: Él sintió de veras la tristeza por haber cometido aquello. Él se acordó de las palabras de Dios y reconoció que era un pecador vencido una vez más por sus debilidades. Pedro inmediatamente se retira del local de su pecado y va a llorar ante Dios.

¡Esa es la reacción que salva! ¿No es hora de hacerlo también?

1- Sé tú el compañero de Cristo siempre.
2- Si caigas, no te alejes. No todo está perdido.
3- Ten valor de “mirarLe en los ojos”. PermítaLe que te mires en tu íntimo, toda tu impiedad y vergüenza. No se la escondas. Confiésalo todo.
4- Retírate inmediatamente de la tentación. No sigas expuesto al peligro. ¡Escápate rápido! No pierdas el resto que aun tienes.
5- Sigue acordándote apenas de la Palabra de Dios. No dejes tus pensamientos desocupados.

Luego, el Señor, como fue con Pedro, te encontrará nuevamente. Me refiero a un encuentro de renovación íntima y de servicio. Seguramente, el perdón de Dios es inmediato. Inmediato al arrepentimiento sincero. Pero, ¡necesitas ser restaurado! Toda caída trae heridas y ellas deben ser tratadas adecuadamente. Guarda distancia de este mundo, de las tentaciones. No te dejes ser seducido de nuevo por el pecado. No seas un nuevo Judas o un nuevo Caín.

¡La manera de levantarse es esa! Ten vergüenza, pero líbrate de ella llorando ante Dios, no huyendo de vergüenza. No huyas de Dios, sino del mundo. No guardes silencio, confiésalo completamente sin guardar palabras. Llorarás de tanta pena en cuanto menciones exactamente lo que hiciste. No acortes tus palabras. No tardes en comenzar tu confesión. ¡Tu salvación está cerca!

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