Las 3 maneras de reaccionar después de pecar: “2) El Desertor”

3 reacciones despues de pecar

2 – Judas, el Desertor (EL QUE SE DIO POR TOTALMENTE PERDIDO):

Luego después que Jesús es condenado, el diablo hace su trabajo sucio nuevamente. Después de tentar al apóstol caído, ahora lo acusa. Así es el diablo: Tentador y después Acusador. Judas ya estaba separado de Cristo. Había pecado gravemente. Se dio cuenta de su locura. Devuelve el dinero al Templo por cargo de conciencia, pero eso no le aligera la culpa. Un pecado no es borrado con una “buena obra”. O más bien: Buenas acciones no compensan el pecado cometido. El perdón solo sería y será alcanzado estando frente a frente con el Más Ofendido: Jesucristo.

Judas se quedó perturbado por el diablo que le acusaba sin parar. La idea que le vino fue el suicidio. ¡Realmente por detrás de toda idea de suicidio siempre estará satanás! Él sentía pena, remordimiento (pero no arrepentimiento), él tenía vergüenza y odio de sí mismo. Judas se dio por totalmente perdido y se quitó la vida. Así fue como este hombre reaccionó después de su pecado.

Los motivos del pecado de Judas

Pero Judas no pensó en traicionar a Jesús de la noche a la mañana. Él no llegó a este punto de repente, en un mero día. Lo que pasó con este pobre hombre es que, al igual a la demás gente que vivía bajo el dominio del Imperio Romano, estaba cansado de tanta opresión.

Algunos ya habían intentado luchar contra aquel sistema, pero siempre se terminaba en derrota y masacres. Todos, por lo tanto, esperaban el Mesías de Israel, el Libertador que según las profecías estaba cerca de manifestarse al mundo.

Es ahí que aparece un hombre de Nazareth realizando milagros, predicando con autoridad, expulsando mercaderes del Templo, reuniendo multitudes, multiplicando panes y peces, etc. Todos pensaron: ¡Por fin, ese es el Rey de Israel que nos librará de nuestros problemas!

Realmente Jesucristo es el Mesías del Mundo. Sin duda, Él es el Salvador y Rey de reyes que va a reinar en esta Tierra trayendo justicia, paz y prosperidad. Sin embargo, AUN NO ERA EL MOMENTO. Habría y aun hay que esperar el momento preciso. Pero, no todos están dispuestos a esperar y son capaces de abandonar a Cristo por lo que se ofrezca inmediatamente.

Cuándo la gente veía Jesús rehusándose a reinar (Juan 6:14-15) y oyéndole decir que “su reino no era de este mundo” (Juan 18:36), que “aun no era el momento” (Juan 7:3-6 – !!!), que “sería crucificado y muerto” (Mateo 17:22-23; Mateo 16:21-23; y 26:2), que “iban a matar a los seguidores de Cristo” (Mateo 24:9-13), que “vendrían hambres, pestes y terremotos” (Mateo 24:6-7), etc. Entonces, lo que era un sentimiento de encanto, se volvió rapidamente un sentimiento de rechazo y todos comenzaron a abandonar a Jesús. En menos de una semana, todos que gritaron: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”; ahora, gritaban enfurecidos: “¡Crucifícalo!”. Y ¿por qué? Por desilusión. Es ahí que Judas comienza a planear la traición.

Judas también tenía otra debilidad: El Dinero. La pasión por el dinero le dominaba. Él robaba de las ofrendas que la gente ponía en la bolsa (Juan 12:6). Y en una ocasión muy clara, reveló toda su avaricia (Juan 12:1-8). El diablo se dio cuenta que él haría lo que sea por dinero y por eso, lo tentó al extremo. Alguien tendría que hacer el papel sucio e infelizmente ese fue Judas.

Su caida fue una suma de muchos problemas espirituales, emocionales, y de carácter. Aunque muchos enfatizan más su debilidad por el dinero, lo peor fue la desilusión con Jesús y el no saber esperar. Entonces, Judas, de un abismo a otro, “fue a los principales sacerdotes y les dijo: «¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Ellos le asignaron treinta piezas de plata». Desde entonces buscaba oportunidad para entregarlo” (Mateo 26:14-16).

¡Cuántos hoy que se “decepcionan” con la fe por no alcanzar inmediatamente la prosperidad y dejan a Cristo! Van a buscar a los “principales sacerdotes” actuales que son puros mercaderes de la fe a cambio de dinero y soluciones rápidas. No pueden esperar y venden su pureza. No saben que están como Judas, traicionando a Cristo.

UNA REACCIÓN EQUIVOCADA ELIMINA TODA CHANCE DE SALVACIÓN

Una vez más aprendemos que si pecamos, debemos cuidarnos. No se puede volverse un descarado fingido de inocente, pero tampoco creer que todo está acabado.

Todo desertor piensa así: El prefiere abandonar todo a vivir como un descarado. Es bueno que él jamás quiera ser como un descarado, pero abandonar a Dios y Su pueblo es una reacción cobarde.

Muchos dicen: “No soy hipócrita… Ya no quiero más ir a la iglesia… No tengo valor de mirarles en los ojos… Siento mucha vergüenza… ¿Qué van a pensar de mí?”. Las personas que piensan de esta forma son las presas preferidas del diablo.

Infelizmente estás más preocupado con los demás que contigo mismo. Te importas tanto con lo que los hombres piensan y no con lo que piensa Dios. Mientras no sirvas a Dios en vez de servir a hombres jamás encontrarás valor para arrepentirse.

¡No hay caida irremediable! El médico sirve para los enfermos y no para los sanos. Sabemos que los justos no necesitan salvación, sino los pecadores. Jesús, el Espíritu Santo, la Casa de Dios, en fin, todo lo que aun hay de Dios en esta vida sirven para ayudarnos y socorrernos.

La vergüenza y tristeza que uno siente después de pecar es señal que aun hay chance. Si no las sintieras, estarías en peligro. Pero, no debes sentir pena de los hombres que también son pecadores. Debes avergonzarte ante Dios que te perdonará y te levantará.

Si pecaste, no tienes que seguir escuchando al diablo. Jamás seas otro desertor. Escucha a Dios que te llama a regresar. No te des por totalmente perdido, pues ¡aun hay esperanza!

Mañana les doy la última parte de este escrito.

DESERTAR DE LA FE O VIVIR COMO UN DESCARADO SOLO VA A EMPEORAR NUESTRA VIDA

¡No! No todos pecados son iguales. La Biblia dice que todos pecan. Que unos aman el pecado, otros lo odian. Que unos lo tienen como hábito, otros lo cometen por accidente (por no vigilar). Unos lo cometen por debilidad carnal, otros por premeditación y por principios. Unos lo cometen en su locura, otros lo cometen proposital y conscientemente. Unos pasan casi la vida toda sin pecar, pero al fin de sus vidas hacen cosas horrendas. Otros vivieron en pecado por toda vida, mas al fin, se entregan a Cristo y nacen de nuevo. En fin, el pecado es algo universal que no puede ser visto como algo inofensivo y normal. ¡El es la única cosa que nos impide de ser salvos! Por lo tanto, hay que saber prevenirse de él y cómo curarse de él en caso de caída.

Lo que ya vimos dentro de este tema fue algo triste y asustador. Vemos cómo las personas deciden desgraciar sus vidas por no saber cómo reaccionar despúes de una recaída. Algunos no saben y buscan consejo. Pero, por los consejos que se dan, sería mejor que uno se las arreglara por si mismo.

Después de pecar, muchos “caras duras” hacen de cuenta que nada pasó y siguen adelante sin ningún arrepentimiento. Creen que el pecado no necesita de reparación, además de arrepentimiento. Hacen una oración muy superficial con unas pocas lágrimas de actor y luego se levantan riendo como si no pasara nada.

Diría a tales que se lamenten por su pecado. Pasen tiempo arrepentidos, de luto, “vestidos de silicio y ceniza”. Eso no es para satisfación de sus “acusadores”, sino para que uno mismo (el que pecó), se profundice en la tristeza que trae salvación. Que pruebe el penitente el lamento verdadero y largo, pues si los momentos de arrepentimiento no son marcantes, luego uno se los olvidará fácilmente y volverá hacer peor.

Entre más me rebajo en mi humillación a los pies de la Cruz, más fuerzas recibiré para no pecar más. ¡Este es el resorte de la salvación!

¿Quieres conocer quién realmente se arrepentió? Observa como las personas cuentan el testimonio de su pasado. Por el modo que ellas cuentan qué hacían y cómo hacían, verás si éstas son de hecho convertidas o no. Al mencionar lo sucio que hacían, lo dicen con orgullo y riéndose ¡Ellos NO lo cuentan con vergüenza o pena! Ellos lo cuentan con orgullo de “haber sido” más pecadores que los demás. Ellos compiten para ver quién tuvo un pasado más podrido. La verdad es que ellos dejaron de practicar el pecado, pero aún lo tienen vivo en sus corazones. Ellos piensan que hablando con presunción de su pasado todos van a admirarlos y alabarlos. ¡Falsa semilla! ¡Cizañas vivas!

Vimos también el triste caso de Judas, que se había decepcionado. Él decía: “No pensé que sería así”. Eso porque para él, Jesús no le cumplía con lo esperado. Judas quería que todo fuera a su manera. No aceptaba el contrario. Después que pasa su locura, tuvo vergüenza de regresar, o bien, de arrepentirse de verdad. Se había dado como perdido completo. No contaba más con su salvación. Después de pecar, terminó hundiéndose aun más en la voluntad del diablo. ¡Hay mucha gente así!

Si tuvimos valor para caer, ¡hay que tenerlo para regresar! ¡Saber levantarse es el gran secreto! Levantarse de una caída es la más gran victoria que podemos lograr en esta vida. ¿Y tú? ¿Decides ser un eterno derrotado o un gran vencedor por medio de Jesús?

En seguida, la parte 3 y final.

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