Amor a Dios y Amor de Dios

 

Ciudad de México, 10 de Noviembre de 2013.

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5)

Lo principal del resumen de los mandamientos es “amarás a Dios sobre todas las cosas”. Podemos amar a Dios, muchos dicen que lo aman. Ese amor significa querer bien, querer agradarlo y agradarse de Él. Pero, hay una clase de amor que es la más elevada y imposible de ser conocida por el hombre natural: El Amor DE Dios.

El Amor DE Dios es poseer el mismo amor que Dios tiene. Es amar como Dios ama. Y eso solo puede acontecer después que recibimos el Espíritu Santo.

Comprendamos cómo es este amor para saber si lo tenemos o no:

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

El Amor de Dios consiste en poner a salvo a los hombres, lo principal de su creación, el objeto mayor del Amor divino. Dios mostró como se manifiesta su amor: Nos envió a Su Hijo para que pudiéramos tener la oportunidad de salvarnos por medio de su sacrificio. Eso NO quiere decir que Dios va a salvar a todos (Arrepentidos y No-arrepentidos), ya que su Amor no se opone a Su Justicia y Santidad. Sin embargo, Dios no mide esfuerzos para salvar vidas.

¡Poseer el Amor de Dios es amar como Dios ama a lo que Dios ama! Esa es mayor señal del que ha recibido el Espíritu de Dios. El fruto del Espíritu es Amor (Gálatas 5:22). Uno va a sentir lo mismo que Dios siente, pensar como Dios piensa, querer lo que Dios quiere.

La gran artimaña del diablo contra los hijos de Dios es intentar de todas las formas enfriar ese Amor sembrado. Todo tipo de problema, de ocupación o preocupación, de entretenimiento, de pasión, de prioridad, de auto complacencia, en fin, absolutamente todo lo que nos distrae o remplaza el Amor por las Almas debe ser inmediatamente despriorizado, rechazado, o mismo abominado.

El Señor Jesús dice que había una iglesia que tenía muchas virtudes de las que Él elogiaba, entre ellas estaba:

  • Obras (servicio, arduo trabajo);
  • Perseverancia;
  • No soportaba a los malos (gente sin carácter, engañadora);
  • Desenmascaraba falsos apóstoles y a los mentirosos;
  • Sufrían la persecución y la dureza de trabajar correcto;
  • No desmayaban;
  • Hacían todo por amor a Cristo!!!

Ellos trabajaban mucho y ¡era por amor al Señor! Jesús mismo lo reconoce y los elogia por ello. No les faltaba amor a Dios, pero lo que les faltaba era el Amor DE Dios. Observa:

“Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras”.

El Primer Amor es el Amor por Almas. Es decir, es el mismo amor que Dios tiene. Ese amor por almas fue remplazado por mucho trabajo mecánico, o tal vez por querer tener muchas ofrendas, o tal vez por estar en luchas doctrinales con otros (nicolaítas), o por acabar confundiendo las almas perdidas allá fuera con los engañadores y mentirosos de dentro, o sea, por tanto pelear con esa clase de gente engañadora que se había infiltrado dentro de la iglesia, ¡el amor por quien realmente merece fue enfriándose!

Algo había pasado en el corazón de esta iglesia que sustituía el Primer Amor por otro amor. Otros amores pueden ser:

– Amor al dinero (1 Tim 6:10);
– Amor al mundo (1 Juan 2:15);
– Amor por sí mismo (2 Tim 3:2; Filipenses 3:19);
– Amor a los placeres de la carne (vicios, sexo sin compromiso, chismes, vanagloria religiosa, – 2 Tim 3:4; Tito 3:3; 1 Pedro 4:3);
– Amor a sus tradiciones y religión (aunque ellas ya estén alejadas de la Biblia) – (Marcos 7:3-13; Gálatas 1:14; Romanos 9:1-8; Mateo 10:37). Etc.

Jesús nos invita a recordar, a arrepentirse y a volver a la práctica del Amor DE Dios, que es ganar almas. El Amor, tal como la fe, no pueden estar en el corazón, tienen que estar en práctica, en obras, en acción, sino mueren.

Primero: ¡Recordemos!

Recordemos como éramos cuando poseíamos el amor de Dios. ¿Seguimos amando a Dios y trabajando por amor? ¡Sí! Por supuesto. Pero, ¿amamos lo que Dios ama? ¿Qué realmente es lo que más amamos y perseguimos? ¿Lo que más amamos es el salvar almas? ¡Recordemos! Visitemos nuestro pasado, ¡visitemos décadas atrás! Visitemos al inicio… ¿El “espíritu de la iglesia” ha cambiado? Si pudiéramos congelarnos en aquella época y si nos descongeláramos hoy, ¿notaríamos alguna diferencia en el trabajo? Por lo tanto, ¡recordemos!

El siguiente paso es arrepentirse de verdad.

Arrepentir es cambiar mentes y corazones. Es parar completamente de seguir al rumbo que sin percatarnos hemos tomado. Es ser firme y no repetir los mismos errores. Es haber aprendido con la caída para que no caigamos nuevamente. Es tomar una decisión sin vuelta atrás.

Después, volvamos al Amor en acción.

Para que amemos NO necesitamos sentir algo antes. ¡Nos basta amar en acción! Amor no es puro sentir. Amor es probarlo con obras. Dijo Jesús: “Haz las primeras obras”. Él NO dijo: “Siente los primeros sentimientos”.

El sentir viene después. Es consecuencia de lo que hacemos con fe y amor.

Por lo tanto, si un día ya tuvimos el amor DE Dios, volvamos a practicarlo. ¡A partir de ahora mismo! Y si nunca lo conocimos, busquemos de todo corazón y en primer lugar el Espíritu Santo, y Él nos hará conocerlo.

Lee también:
LA CARTA DE CRISTO A LA IGLESIA QUE PERDIÓ EL PRIMER AMOR…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s