Qué es la Vida

La vida según Jacob, patriarca de Israel

¿Qué significa la vida para ti? Para responder eso es necesario vivir mucho. Un joven no es capaz de contestar eso con autoridad, quizá lo haga apenas por teoría aprendida y repetida. Tal vez mejor sería alguien que vivió en la abundancia y escasez, en el pecado y en la santidad, en la alegría y en la tristeza, en otros países y no apenas en que fue parido, alguien que vivió fuera de la casa de sus padres, que huyó para no morir, alguien que sufrió en abandono, el miedo, y la culpa, que engañó y fue engañado, que tuvo que luchar con los hombres y hasta con Dios para alcanzar su lugar, que le tocó trabajar más que lo justo, alguien que conoció el infierno pero que felizmente también conoció a Dios en esta Tierra antes de morir. Ese fue Jacob, o más bien, Israel.

¿Cómo este hombre veía la vida después de todos sus años? ¿Qué nos puede decir Israel y no apenas Jacob? Esas dos personas en el mismo hombre, apenas separados por un pequeño río adonde encontró personalmente a Dios. ¿Podríamos ver alguna transformación en el interior de este hombre que en su juventud vivió una vida de puras disputas y conflictos? Jacob fue el competidor nato, el joven que podría pasar por encima de todo y todos para lograr sus objetivos, el hombre que era egocéntrico y no le importaría perder familia o amigos desde que sacara ventaja en algo.

¿Podría Dios interesarse por un hombre así? Si. Dios una vez más demuestra su destreza en moldear jarros imposibles. Al Todopoderoso le gusta desafíos difíciles para que por medio de eso revele su grandeza. Realmente Dios transformó a Jacob en un hombre completamente distinto hasta mismo en su nombre: Israel, el que lucha con Dios.

Ese poder que tiene Dios es algo tremendamente espantoso para nosotros mortales. Nuestra capacidad de asimilar lo que Dios hace al transformar vidas imposibles es minúscula y cuándo eso pasa nos parece broma divina. Cuando recibimos por ejemplo una noticia que justo el que perseguía ahora es perseguido, que el que amaba el dinero lo pasa a despreciarlo, que uno que más defendía sus tradiciones pasa a rechazarla, que un protagonista resuelve salir de escena, el que más adoraba los aplausos y la fama se cambia para el desierto, que el que vivía para lograr posiciones abandona su competición. ¿Por qué?

Israel, el Jacob transformado, en sus últimos años nos responde qué es la vida. Aquí, él ya era un hombre de Dios vivido y experimentado. Un hombre y no un chavo ilusionado. Un hombre que ya no tiene sus modas juveniles o fiebres porristas. Ahí van sus palabras:

“Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación” (Génesis 47:9).

¿Era él un pesimista? No. ¿Era un frustrado? Tampoco. Simplemente un hombre que entendió la vida con la perspectiva de una persona madura que había encontrado a Dios. Él seguía siendo un hombre de fe, pues hasta para sus huesos les encargó ordenes. Él seguía teniendo esperanza que su pueblo sería grande y sus hijos bendecidos. PERO, LO QUE HIZO ISRAEL VENCER A LAS ADVERSIDADES DE ESTA VIDA AQUÍ ÉL LO DEFINE:

Su comprensión que esta vida no más es una peregrinación, un paso.

¿Entiendes el tamaño impacto que fue necesario sufrir este hombre para decir eso? Un hombre que amaba competir, que solo le importaba vencer, que aplastaba sin lástima sus demás competidores, que amaba la vida en este mundo. Este mismo hombre ahora aparece diciendo eso… ¿No es una crisis de vejez? ¡No! Eso es la comprensión más real del hombre de Dios maduro. El verdadero hombre espiritual llega a esta conclusión después de inmensos conflictos y crisis. No es fácil asimilar eso. Pero es la verdad que duele, mas que libera. Es la vacuna, el antídoto para superar y vencer con la verdadera victoria final.

¿Qué significa para ti ser un vencedor?

LA VIDA COMO UNA CORTA Y DIFÍCIL PEREGRINACIÓN

Primeramente vemos la fuerte impresión que tenía el viejo Jacob sobre la vida: Una peregrinación. ¡Después vemos cómo él desvalora esta vida en este mundo diciendo a Faraón que sus días (130 años) fueron pocos y malos! Sus valores habían cambiado mucho. Antes, él valoraba la vida en este mundo por en cima de cualquier cosa, ahora, no por causa de la vejez sino por el encuentro con Dios y madurez espiritual, lo que más él parecía querer era terminar luego su peregrinación.

¿Será que esto está de acuerdo con todo el resto de la Biblia? Veamos…

“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Jesucristo, en Evangelio de Juan 12:25).

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia… Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Apóstol Pablo en Epístola a los Filipenses 1:21 y 3:7-8).

Todo lo que tenía, hacía y era el antiguo Saulo de Tarso, ¡él lo había perdido para siempre! Ahora él consideraba todo aquello basura. Este fue el verdadero sacrificio vivido por este hombre de Dios. Predicar sobre sacrificio es fácil, pero vivirlo al grado de un holocausto total será imposible para muchos.

Eso nos acuerda de Moisés, el gran príncipe de Egipto:

“Por la fe Moisés, HECHO YA GRANDE, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios, porque tenía puesta la mirada en la recompensa. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey, porque se sostuvo como viendo al Invisible” (A los Hebreos 11:24-27).

¿Qué hombres hoy están dispuestos a hacer lo mismo? ¿Cuántos van a abandonar las riquezas, fama, glamour, puestos en Egipto y ir hacia el olvido del desierto? Respuesta: Aquellos que se hacen grandes. Grandes en madurez y grandes en talla.

Estos consiguen ver una recompensa que todo este mundo nunca les podrá dar. Ellos se vuelven como el grano de trigo que muere en la tierra y desaparece. Luego, ellos reaparecen de otra forma, una espiga de trigo transformada por Dios.

Estos hombres ya no tienen miedo a nada más, por el contrario, lo que más pueda acercarles al fin de la vida aquí es atractivo.

Pero, la suma es esta: No conseguiremos soportar esta vida si no la vemos como una mera peregrinación. Eso nos dará una fuerza sobrenatural para atravesar bosques o desiertos. No somos de aquí. Nadie de aquí nos debe, tampoco les debemos nada. Este mundo inútil e ilusorio no es nuestro lugar. No pertenecemos a él y menos él nos pertenece. En fin, lo que sea que nos presentará la vida ya seremos vencedores.

Vivamos esta peregrinación apenas como un turismo de tal vez no muchas estrellas. No importa si no había aire acondicionado en el autobús del turismo, no importa si el cuarto del hotel no era tan bello, no importa si las personas con quien estuvimos nos trataron como meros extranjeros, no importa si nos robaron en el viaje, no importa si no tomamos fotos, no importa qué tan pesadas fueron nuestras maletas, no importa si se burlaban de nuestra manera rara de ser, no importa si no quisieron recibirnos de manera adecuada, ¡no importa si no se pudo evitar estas cosas desagradables!

NADA importa cuando sabemos que luego nos vamos de ahí porque ahí no es nuestro hogar. No somos de esta tierra. ¡Luego llegaremos a casa!

Dios nos bendiga,
H

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