Tropieza Jonás en la misma piedra

Profeta Jonas y la ballena“Jonás se disgustó en extremo, y se enojó. Así que oró al SEÑOR y le dijo:
—¡Ah, SEÑOR!, ¿no es esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis” (Jonás 4:1-2)

En el llamado a su ministerio, Jonás tuvo disposición, pero no para servir a Dios, sino que para huir de Él. Jonás se acorbardó y huyó a Társis. Creo que sabemos todos que ahí una grande criatura del mar lo tragó.

Ahora bien, Jonás “se arrepiente” y decide regresar. A la misma hora, Dios le da una segunda oportunidad para que por fin predique arrepentimiento a los de Nínive, la muy grande ciudad que había en aquel tiempo.

¡Su ministerio fue glorioso! Él logra llevar al arrepentimiento desde el rey hasta el menor. Bajo la sentencia de Dios, todos se vuelven al Dios de la prédica de Jonás. Y ¿cuál fue el resultado? Dios perdona a la tierra y decide cambiar sus planes para no destruir la ciudad.

Es ahí que Jonás revela su carácter berrinchudo y egocéntrico (es decir, quería ser el centro de las atenciones): Jonás de lamenta mucho, reclama de Dios, y comenza a decirLe sus palabras violentas (Malaquías 3:13-14).

  • Jonás reprocha a Dios.
  • Jonás se disgusta contra Dios. Una otra manera de decir: “¡Estoy decepcionado!”
  • Jonás echa en cara el tiempo de antes de su llamado.
  • Jonás dijo en otras palabras: “¿Por qué Tú me sacaste de MI tierra? ¿Por qué hiciste eso conmigo?”
  • Jonás se sentía defraudado por Dios.
  • Jonás revive el pasado como si fuera mejor.
  • Jonás pide la muerte por dos veces.
  • Jonás revela su berrinche al decir: ¡”POR ESO QUISE IR A TÁRSIS”! O sea, salir de la Obra de Dios.
  • Jonás se enoja contra Dios y contra Sus decisiones soberanas.
  • Jonás da la espalda a Dios cuando Éste aun le hablaba.
  • Jonás aun cree que tenía razón de enojarse, ya que Dios no hacía lo que él queria.
  • Jonás estaba convencido que él estaba correcto y Dios estaba mal.
  • Jonás quería ser servido por Dios y como Él no hace eso, Jonás se enojó.

Así termina el registro de la historia del siervo berrinchudo de Dios llamado Jonás. El que quería ser apapachado por Dios y ser el centro de las atenciones. Ya que Dios no atendía sus caprichos, mejor salir y decir: “¡Quiero Társis!”.

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