La Vida Abundante del Apóstol Pablo

“Aun así, puede surgir la pregunta: ¿Por qué no usar el hecho de que Jesús dijo que Él había venido para traernos una vida abundante (Juan 10:10) para atraer al Salvador a los pecadores no regenerados?

Cierto, la vida cristiana es abundante. Considera la vida abundante de Pablo. Lee 2 Corintios 11:23–28 pregúntate si estaría aburrido cuando era apedreado (una vez), náufrago (tres veces), golpeado (tres veces) y azotado (cinco veces). Su vida sí que era abundante. También hubo ocasiones en las que no estaba feliz. Incluso, en algún momento sentía tan profunda desesperanza que deseaba morir (véase 2 Corintios 1:8).

El apóstol les da a los corintios carnales un atisbo de la vida abundante. Les dijo que él había sido condenado a muerte. Tenía hambre y sed. Le faltaba ropa. Fue golpeado y no tenía dónde vivir. Fue vituperado, perseguido, calumniado y tratado como la escoria del mundo. ¡Qué terrible y poco atractivo camino transitó Pablo! Si la meta fuera la felicidad, uno pensaría que él hubiera puesto un letrero que dijera: “No entren por aquí.” Sin embargo, hizo lo contrario. Les dijo a los de Corinto que lo imitaran a él (véase 1 Corintios 4:9–16). Él consideraba que los sufrimientos de esta vida no eran dignos de ser comparados con la vida en la eternidad (véase Romanos 8:18).

Como Jesús, el apóstol Pablo enseñó que la vida cristiana es una vida de abnegación—que hemos de crucificar la carne, tomar la cruz diariamente, negarnos a nosotros mismos, y seguir a Jesús. Sin embargo, el mensaje del “plan maravilloso,” con su promesa de felicidad terrenal, apela únicamente al egoísmo del oyente. Mediante el ofrecimiento de una vida libre de problemas, fomenta un permanente amor de sí mismo en lugar del amor por Dios, y lo caracteriza a Él como un mandadero divino”.

… Imagina a Pablo, acostado medio desnudo en un frío piso de calabozo, encadenado a guardias romanos endurecidos. Observas su espalda sangrienta y magullada, su cara hinchada y le dices:

“Pablo, te han golpeado otra vez. ¿Dónde están tus amigos? Demas y otros te han dejado. ¿Dónde está tu carruaje de lujo y tu exitoso programa de construcción? ¿Dónde están las evidencias de la bendición de Dios, Pablo? ¿Cómo dices? ¿Te escuché murmurar entre labios hinchados que Dios te ama?”.

Ahora imagina que Pablo levantara lentamente la cabeza. Sus ojos amoratados miran profundamente a los tuyos. Tienen un brillo inexplicable al pronunciar dos palabras: “¡La cruz!” Con dificultad mete su mano a su túnica empapada en sangre y cuidadosamente saca una carta que había estado escribiendo. Su dedo tembloroso y manchado de sangre señala una oración. Forzas la vista en la tenue luz para leer: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).”

Ray Comfort

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