Calvinismo Refutado #1

Es asombroso el orgullo de algunos iglesianos al denominarse “calvinistas”. No niego que muchos tienen buena voluntad, sin embargo, ¡están sinceramente equivocados! Hablaré más sobre eso en la tag “Calvinismo” que a partir de hoy trabajaré para postear algo que ya poseo, pero tal vez no traducido al español.

Quiero presentarles una (grande) reseña del libro del Doutor en apologética Dave Hunt, que ha escrito una refutación del Calvinismo titulada “¿Qué Amor es Éste? (“What love is this?”) y subtitulado (“Calvinismo: Una Falsa Representación de Dios”). Este, con mucho respeto y honestidad, demuestra porqué el Calvinismo, y la grande parte de los Reformados están muy lejos de la Verdad:

“La mayoría de los que hoy en día, incluyendo a líderes evangélicos, tienen a Calvino en gran estima, no son conscientes de que han sido cautivados por los escritos de un devoto católico romano recién convertido al Protestantismo de Lutero tan sólo dos años antes (en la primera parte de 1533). Curiosamente, a pesar de su suma importancia y de sus voluminosos escritos, no tenemos un claro testimonio en las propias palabras de Calvino acerca de su salvación. Él se refiere sólo a ‘una conversión repentina’ que sometió su ‘muy endurecido corazón’, pero no da ninguna descripción de cómo o qué pasó. …Desde cualquier punto de vista, este joven, aunque inusualmente brillante, estaba muy lejos de madurar en la fe cristiana. …Sin lugar a dudas, sus Institutos no pudieron haber surgido de una comprensión evangélica profunda y completamente desarrollada de la Escritura. En cambio, surgieron del entusiasmo enérgico de un recién graduado en leyes y estudiante ferviente de filosofía y religión, un joven genio devoto a Agustín y a una causa recién adoptada. …Al momento de escribir sus Institutos, Calvino, lejos de ser como el apóstol Pablo, era un nuevo convertido a la fe que apenas había comenzado a caminar con el Señor. Por lo tanto, no podría haber sido la madurez espiritual bajo la guía del Espíritu Santo la que dio a luz los Institutos, sino el poder de la brillante mente legal de Calvino” (pp. 38, 39, 40).

“El casi completo acuerdo de Calvino con Agustín no es nada menos que asombroso. Calvino se llamó a sí mismo ‘un teólogo agustiniano’. De Agustín dijo, ‘a quien citamos con frecuencia, como siendo el mejor y más fiel testigo de toda la antigüedad’. Son los calvinistas mismos que insisten en la conexión entre Calvino y Agustín. Escribe McGrath, ‘Por encima de todo, Calvino consideraba su pensamiento como una fiel exposición de las ideas principales de Agustín de Hipona’. … ¿Cómo pudo uno de los principales líderes de la Reforma abrazar por completo las doctrinas de aquél que ha sido llamado ‘el primer católico romano verdadero’ y el ‘principal creador teológico del sistema latino-católico tan diferente al… Protestantismo evangélico…’?” (p. 51).

“El Calvinismo ofrece una definición especial de la depravación humana: que la depravación es igual a la incapacidad – y esta definición especial requiere tanto la Elección Incondicional como la Gracia Irresistible. …Sin embargo, no existe ningún versículo en la Biblia que presente la idea radical del Calvinismo que el pecador es incapaz de creer en el Evangelio que le ofrece el perdón y la salvación y sin embargo es condenado por Dios por no creer. …Decir que Dios manda a los hombres que hagan lo que no pueden hacer sin Su gracia, y que entonces les niega la gracia que necesitan y los castiga eternamente por no obedecer, es burlarse de la Palabra de Dios, de Su misericordia y amor, y es difamar Su carácter” (pp. 93, 94, 96).

“El calvinista insiste, sin embargo, que la salvación no puede estar condicionada a ningún acto o creencia por parte del hombre. …Esta declaración se hace en repetidas ocasiones: ‘Rechazar la elección [calvinista] es rechazar la salvación por gracia y promover la salvación por obras’. Sin embargo, si algo es evidente en la Escritura es el hecho indiscutible que la fe no es una obra, sino su antítesis misma. ‘Por gracia sois salvos, por medio de la fe… no por obras’ (Efesios 2:8-9). Nada podría estar más claro que el hecho que, al creer, uno no está haciendo ninguna obra. De hecho, la fe y las obras se ponen en contraste” (pp. 190, 191).

“A veces, Calvino mismo parecía ser ambivalente acerca de este tema. Hizo declaraciones tanto apoyando la expiación ilimitada y en otras ocasiones a favor de la expiación limitada. Refiriéndose a Isaías 52:12, dijo, ‘sobre Él fue puesta la culpabilidad del mundo entero’. En cuanto a Marcos 14:24, ‘Ésta es mi sangre del nuevo pacto, la cual es derramada por muchos’. Calvino dijo, ‘La palabra muchos no significa una parte del mundo, sino toda la raza humana’. Acerca de 1 Juan 2:2, Calvino declaró, ‘Cristo sufrió por los pecados del mundo entero y en la bondad de Dios es ofrecido a todos los hombres sin distinción, siendo derramada su sangre… por toda la raza humana’. …Calvino es citado como la autoridad cuando le conviene a los calvinistas de hoy y otras veces es ignorado. Sin embargo, esta doctrina confusa (expiación limitada) de la que sus partidarios no concuerdan entre ellos o incluso con Calvino aún es llamada ‘Calvinismo’ por todo el mundo” (pp. 262, 263).

“Cómo veremos cuando lleguemos a la Perseverancia de los Santos, un gran problema para los calvinistas es la manera de estar seguro de que uno está en ese solo grupo selecto por el que Cristo supuestamente murió. Vemos esta incertidumbre en el propio Calvino. En su testamento, redactado poco antes de su muerte, Calvino escribió, ‘Con humildad busco de Dios… ser lavado y purificado por la sangre del gran Redentor, derramada por los pecados de la raza humana…’ ¿Cómo es que el más grande de los exégetas parecía inseguro a pesar de la promesa de la Escritura de seguridad absoluta: ‘estas cosas las he escrito a ustedes que han creído en el nombre del Hijo de Dios; para que sepan que tienen la vida eterna…’ (1 Juan 5:13)? Esta seguridad no se produce por una revelación especial de que uno está entre los elegidos, sino por la simple fe en Cristo” (p.253).

“En lugar de un brillo natural, los argumentos de Calvino reflejan un prejuicio hacia el sacramentalismo que aprendió de Agustín siendo un católico romano, sobre quien elaboró y que a partir de entonces se vio obligado a defender. Su lógica a menudo traiciona a una inmadurez espiritual. De forma increíble, Calvino argumentó: ‘…Pero si el bautismo era de Dios [refiriéndose al bautismo infantil católico que recibió cuando era un niño], ciertamente incluía en él la promesa del perdón de pecados, la mortificación de la carne, la vivificación del Espíritu y la comunión con Cristo’. Estas declaraciones asombrosas reflejan un sacramentalismo que sostiene que el acto físico del bautismo tiene poder espiritual y que imparte regeneración. ¡Ser bautizado por sacerdotes católicos romanos, que ni siquiera eran cristianos, pero que se aferraban y promovían un falso Evangelio, era perfectamente aceptable para Calvino porque utilizaban el nombre de Dios cuando lo administraban! (p. 341).

“Antes de comenzar lo que se convirtió en un estudio urgente y profundo del Calvinismo, había pensado que yo era al menos un calvinista de un punto. Sin duda, mi creencia en la seguridad eterna, la seguridad de la salvación eterna en la presencia de Dios, debe ser la misma que la Perseverancia de los Santos del Calvinismo. Sin embargo, eso no resultó ser el caso. ¿Por qué? La seguridad bíblica de la salvación no depende de la propia actuación de uno, sino de la declaración del Evangelio de que Cristo murió por los pecados del mundo y de Su promesa de que todo aquel que crea en Él recibe el regalo de la vida eterna. Por el contrario, la seguridad calvinista está en que Dios lo haya predestinado a la vida eterna como uno de los elegidos – y su actuación juega un papel importante en ayudarle a saber si está o no en ese grupo selecto” (p. 377).

“Las dudas asaltan incluso a líderes calvinistas. Zane C. Hodges señala que ‘el resultado de esta teología es desastroso. Dado que, según la creencia puritana, la autenticidad de la fe de un hombre sólo puede determinarse por la vida que le sigue, la seguridad de la salvación se hace imposible en el momento de la conversión’. Y, se podría añadir, en cualquier momento posterior también, por razones que mostraremos. …No es de extrañar, entonces, como R.T. Kendall ha comentado, que ‘casi todos los ´divinos´ puritanos atravesaron grandes dudas y desesperación en sus lechos de muerte, mientras se daban cuenta que sus vidas no daban evidencia perfecta de que habían sido elegidos’. Arminio, por otro lado, contrario a la falsa etiqueta puesta sobre él por sus enemigos, tuvo perfecta seguridad y dijo que el creyente puede ‘partir de esta vida… para aparecer ante el trono de gracia, sin ningún temor ansioso…’…Congdon escribe, ‘La seguridad absoluta de la salvación es imposible en el Calvinismo clásico. …Dado que las obras son un resultado inevitable de la salvación “verdadera”, uno sólo puede saber si es salvo por la presencia de buenas obras. Pero dado que nadie es perfecto… cualquier seguridad es imperfecta también. Por tanto, usted podría pensar que creyó en Jesucristo, podría pensar que tenía fe salvadora, pero estar lamentablemente equivocado… y, debido a que no es salvo, estar totalmente ciego al hecho de que usted no es salvo…’” (p. 378).

“¿Por qué Dios desperdicia Su tiempo y esfuerzo y el tiempo y el esfuerzo de Sus muchos profetas suplicando a aquellos que, supuestamente, no pueden oírlo y que, aun si pudieran, siendo totalmente depravados, nunca responderían a Su petición al creerle y obedecerle? ¿Por qué crear esta elaborada ficción de luto y llanto por multitudes que Dios sabe que no sólo rechazarán arrepentirse sino que, a menos que Él los regenere, no pueden arrepentirse debido a su incapacidad total para hacerlo?” (p. 107)

“Tome una comprensión humana de ‘muerto’, mézclela con la comprensión inmadura de la Palabra de Dios por parte del joven Juan Calvino, contaminada con filosofía agustiniana, agítelo todo y obtendrá la teoría de la Depravación Total” (p. 119).

“Sí, el hombre es totalmente incapaz de contribuir ni un ápice a su salvación. Sin embargo, no se puede deducir entonces que no puede recibir por tanto la salvación ofrecida gratuitamente en Cristo” (p. 121).

“Está claro que el Calvinismo descansa sobre una opinión errada de lo que significa para Dios ser soberano. …El problema básico del calvinista es el fracaso en ver que Dios pudo soberanamente dar al hombre la potestad de la elección genuina… Darle al hombre la potestad de hacer una elección genuina e independiente no disminuye el control de Dios sobre Su universo. Siendo omnipotente y omnisciente, Dios puede arreglar las circunstancias de modo que impida que la rebelión del hombre frustre Sus propósitos. De hecho, Dios puede e incluso usa el libre albedrío del hombre para ayudarle a cumplir Sus propios planes y así ser glorificado aun más” (pp. 128,129).

“Sugerir que a Dios le faltaría ‘potestad’ (y así Su soberanía sería negada) si El hiciera una oferta genuina de salvación y algunos la rechazaran, es enmarcar erróneamente la proposición. La potestad no tiene ninguna relación con la gracia y el amor, que proveen la salvación. De hecho, como veremos, hay muchas cosas que Dios no puede hacer, y una falta de ‘potestad’ no es la razón para alguna de ellas, ni tampoco Su soberanía es mitigada en lo más mínimo” (p. 136).

“¡No se puede escapar del hecho de que en todos los Institutos de la Religión Cristiana de Calvino no hay ninguna mención del amor de Dios por los perdidos!” (p. 151).

“Así que una vez más, en lugar de ver a los hombres, sin importar cuán grande sea su reputación, somos conducidos a llegar a nuestras propias conclusiones sobre la base de la Escritura sola” (p. 162).

“Por supuesto que la salvación no es obra nuestra; pero que no podamos ganar la salvación no demuestra que no podemos escoger libremente recibir la salvación como un regalo del amor de Dios” (p. 182).

“…en contraste con los literalmente cientos de lugares donde el amor de Dios está expresado claramente para todo Israel (la mayoría de los cuales lo rechazaron) y para el mundo entero (la mayoría de los cuales también lo rechazan), en ninguna parte la Biblia declara que Dios no ama y no desea la salvación de todos” (p. 206).

“La soberanía de Dios no sería socavada más si algunos aceptaran la oferta de salvación y otros la rechazaran que si billones de humanos desobedezcan continuamente los Diez Mandamientos” (p. 206).

“Además, ¿no sería una deformación de la peor clase ofrecer la salvación a todo aquel que quiera, cuando en realidad estaba destinada solamente para unos pocos elegidos? …afirmar que “todos” significa sólo un grupo selecto llamado los elegidos violenta el significado llano del lenguaje e impugna el carácter de Dios; y esto lo hace con el fin de forzar sobre la Palabra de Dios un sistema de religión que no puede derivarse de ella” (p. 208).

“Una de las tristes características de los Institutos de Calvino es el lenguaje degradante que emplea continuamente (muy parecido a Lutero) para difamar a todos aquellos que no están de acuerdo con él” (p. 233).

“No hay manera en la que la muerte de Cristo pudiera limitarse a pagar sólo por los pecados de los escogidos. Para salvar incluso a una persona del castigo eterno, sin importar si hubiera cometido pocos o muchos pecados, Cristo tuvo que pagar la pena por el pecado exigida por Su justicia infinita. Por definición misma, entonces, la muerte de Cristo en la Cruz pagó la pena por el pecado mismo que cuelga sobre las cabezas de toda la raza humana” (p. 251).

“Trágicamente, la tergiversación de Dios por parte del Calvinismo ha causado que muchos se alejen del Dios de la Biblia como si lo hicieran de un monstruo” (p. 287).

“Ciertamente, así como Dios mismo no puede forzar a nadie a amarlo (una respuesta coaccionada es lo contrario al amor), así también sería todo lo contrario a la gracia forzar cualquier regalo o beneficio de ‘gracia’ sobre alguien que no quisiera recibirlo” (p. 291)

“Dios cierta y poderosamente obra dentro del creyente y no podemos hacer nada sin la dirección y el poder del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, sin embargo, debemos entregarnos gustosamente a la obra de Dios a través de nosotros. La mayoría de los calvinistas admiten este esfuerzo cooperativo cuando se trata de vivir la vida cristiana, pero insisten que no puede haber tal disposición en creer el Evangelio y aceptar a Cristo” (p. 298).

“Sin duda, la desobediencia continua de los incrédulos y de los creyentes demuestra que la gracia de Dios no es “irresistible”. Ni tampoco la desobediencia del hombre disminuye la soberanía de Dios en lo más mínimo. Obviamente, ¡la libertad de elección en sí misma es parte del plan de Dios!” (p. 299).

“Si Pablo no quería que ni un solo judío fuera al infierno y estaba en agonía constante del alma por su salvación, dispuesto incluso a ser maldecido por Dios si eso podría salvar a sus “parientes según la carne” (Rom. 9:1-3), ¿sería Dios, quien seguramente puso este amor desinteresado en el corazón de Pablo, menos amoroso y estaría menos preocupado por la humanidad perdida en camino al infierno? ¡Ciertamente no el Dios de la Biblia! …¿Pudo haber estado equivocado Pablo en su continua agonía por las ovejas perdidas de la casa de Israel (y de hecho todos los hombres) y Calvino en lo correcto en su falta de preocupación por los perdidos?” (pp. 301, 302).

“…mi firme desacuerdo con el Calvinismo no es acerca de la soberanía de Dios, la cual abrazo completamente y a la cual me someto. La cuestión es si Dios ama a todos sin acepción y si desea que todos sean salvos. Indiscutiblemente, el Calvinismo niega tal amor; pero la Biblia, en el lenguaje más claro declara repetidamente el amor de Dios hacia todos y Su deseo de que todos sean salvos y que ninguno perezca” (pp. 301, 302).

“Consideramos que el acrónimo TULIP es un libelo contra nuestro amante y misericordioso Dios tal como se revela a Sí mismo tanto en Su Palabra como en la conciencia humana” (p. 304).

“El hecho mismo que Pablo, Apolos y los otros evangelistas primitivos hayan empleado tanto tiempo y energía en persuadir a los hombres para que creyeran el Evangelio es completamente contrario a los conceptos de Depravación Total y Gracia Irresistible” (p. 324)

“…El calvinista audazmente ha cambiado la palabra ‘mundo’ para que signifique ‘elegidos’ en no menos de veinte escrituras. Ha cambiado ‘todo aquel’ y ‘todos’ a ‘elegidos’ al menos dieciséis veces cada uno. Además, la frase ‘todo hombre’ ha sido cambiada a ‘elegidos’ seis veces y ‘cada uno’ a ‘elegidos’ tres veces. En todos los casos en donde estos cambios han sido hechos, no hay nada en el texto que justifique a ‘elegidos’ como el significado de la palabra por la cual debe ser sustituido. El cambio ha sido hecho por una sola razón: ¡para dar cabida al Calvinismo! (p. 332).

“Naturalmente nadie busca al Señor; todos nosotros buscamos nuestros propios deseos egoístas y nadie puede venir a Cristo a menos que el Padre lo atraiga. Pero el Espíritu Santo está en el mundo para convencer a todos de su pecado y necesidad (Juan 16:8-11), el Evangelio está siendo predicado, el Padre está atrayendo a todo el mundo (incluso a través del testimonio de la creación y la conciencia)” (p. 339).

“¿Por qué la gracia irresistible de Dios, que es tan poderosa hacia los pecadores, no crea vidas perfectamente obedientes después que los pecadores han sido salvados?” (p. 354)

“¿Quién diría que el hombre puede llegar a Dios ‘sin la ayuda’ del Espíritu Santo? ¡Ni siquiera el arminiano más flagrante! Pero el Calvinismo hace esa falsa acusación contra aquellos que no están de acuerdo con su extremismo” (p. 369).

“Además, es absurdo sugerir que recibir un regalo significa que lo merecemos. …Un hombre que se está ahogando que se rinde en las manos de su rescatador no tiene nada de qué jactarse, ni tampoco ha hecho ninguna obra para ayudar en su rescate. De igual forma es con el pecador perdido” (p. 370).

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