El rey que bajó tarde y la triste realidad de hoy

El rey Basileus gobernaba sobre la Dorada Torre por heredad al reino de Pseudos, y a lo contrario de su padre, poco se importaba con la gente que estaba viviendo “allá abajo”, como él mismo decía.

El todavia pequeño pueblo de Pseudos hablaba el idioma Sincerus, idioma que no era hablado en ningún otro lugar. Idioma que el padre de Basileus, el Rey Mayor, escogió hablar en lugar del idioma Filosofus, una lengua muy rara y confusa, un idioma de la alta clase.

Pero el mayor error de Basileus era lo de no tomar en cuenta que había sido aquella gente de Pseudos que contruyera a la gran Torre Dorada. La habían contruído a precio de sangre de sus gran gladiadores que con el paso del tiempo fueron muriendo en batallas.

El orgullo del reino era estos antiguos luchadores, que representaban un símbolo para toda nación que estaba pasando por una transición de una Pseudos humilde pero guerrera, para una Pseudos famosa, muy poplada, negociante y apapachada por extranjeros interesados.

La pena es que a la memoria de los grandes gladiadores de Pseudos, los matadores de leones, no se había dado el debido honor. Lo que dejaba los aspirantes a guerreros muy desanimados y desprestigiados. Algunos ni siquiera habían visto luchar los Grandes Gladiadores. Pero Basileus no hacía caso a ello ya que por la riqueza de Pseudos no habían más guerras, pues los enemigos que se acercaban era para negociar y sacar provecho de la “era de oro” de la pobre Pseudos.

Los Pseudos-amigos, como eran llamados los enemigos mortales del reino de Pseudos, eran maestros en la buena política y sagazmente pudieron manipular a Basileus, su rey. Sabian apenas hablar el idioma Filosofus.

Ellos sabían que la debilidad del rey era su ganancia por caros regalos y así comenzaron a apapacharlo de tal modo que fueron los Pseudoamigos puestos en cargos de la mas alta confianza de Basileus. Fue de esa manera que los Gladiadores de Pseudos fueron aislados y echados fuera de la mira del rey.

¿Pero, cuál era la intención de los Pseudoamigos? Era justamente desviar la mira de Basileus y dejarlo separado de los Gladiadores del Reino. Solamente así, lograrían matar a Basileus, borrar el Libro Histórico de Pseudos y dominar por fin al reino tan codiciado.

Basileus vivía en una borbuja de ilusiones y apapachos. El nunca sabía lo que se pasaba “allá abajo”, pues lo mantuvieron encerrado todo el tiempo en la Torre Dorada, dándole informaciones totalmente equivocadas de lo que sucedia con los ciudadanos de Pseudos. Los Pseudoamigos así lo hicieron. Pero mientras eso, un terrible mal se acercaba y una tragedia.

Basileus pensaba que todo su reino era de prosperidad y gozo. Él se había alejado tanto del pueblo que ya no conocía sus necesidades y dolores. Él ya no mas decendía hasta el suelo de Pseudos para visitar y oír el desahogo de las personas afligidas y pobres de Pseudos, como hacía su padre frecuentemente teniéndole consigo. Y por tanto convivir con los Pseudoamigos, ya no conseguía hablar el idioma de su padre, el Sincerus.

Desafortunadamente, Basileus se olvidara de todo eso y perdía su popularidad. Cuando aun niño se portaba distintamente. La gente extrañaba muchísimo los viejos tiempos del Padre de Basileus. “Las cosas cambiaran” decían los poderosos Pseudoamigos. Y en eso todos estaban de acuerdo.

La era de oro de Pseudos había dejado para tras un tiempo que sus guerreros, ya desilusionados, pensaban que nunca más iba a volver. El pueblo vivía en miseria total y en sus constantes discursos, Basileus, siempre allá arriba, hablaba de cosas que el pueblo jamás vivía, él hablaba de comidas y bebidas que ellos nunca gustaban, él decía cosas en lenguage de un soberano mimado que la gente pobre y chimuela de Pseudos ni siquiera entendía.

La distancia entre el pueblo de Pseudos y Basileus crecía aun más. Por encima de la Torre Dorada, risas falsas, elogios, elocuencia, regalos y calumnias. Abajo, solo dolor y nostalgia.

El pueblo aprendió a manejar un arma peligrosa: Era una espada llamada “La Indignación”. Fue a través de ella que gladiadores, junto con el pueblo e el Rey Mayor, padre de Basileus, iban a las batallas en menor numero, pero con agallas y sacrificio vencían a sus enemigos. Ahora, la espada de la indignación estaba volviéndose en contra del reinado de Basileus.

Los políticos de Pseudos, los pseudoamigos, al saber de la posible “rebelión” se sintieron amenazados y aconsejaron al rey dos cosas: Bajar de la gran Torre Dorada para calmar los ánimos de la población y que desarmara a Pseudos. “Es un pueblo rebelde y pobre, ellos no tienen el mismo nivel del Soberano, se dejaron ilusionarse por los viejos gladiadores”, decían los pseudoamigos de Basileus.

La verdad es que las filosofías de Basileus no funcionaban de nada en la practica. Él intentó bajar y hablarles, pero ya no se explicaba, puesto que desaprendió el idioma Sincerus. La gente, pobre y inculta, ya no lo veía con amor y estima. El pueblo ofendió al rey que acostumbrado apenas con los apapachos y elogios de los Pseudoamigos, se enojó de tal manera que mandó que se matara mucha gente. El pueblo ofendió a Basileus y Basileus ofendió al pueblo.

El rey sube a prisa una vez mas a la Torre Dorada y decide expulsar de su reino a todos que no se sujetara a los Pseudoamigos, que crecían en poder y gloria. Pero había en el fondo del corazón de Basileus una voz que él no entendía más: La voz de su Padre, el rey Mayor. El rey que hablaba en Sincerus.

El Rey Mayor, que había muerto, hablaba en las noches de soledad con su terco hijo, cuando Pseudos se silenciaba y venían los recuerdos de la niñez de Basileus.

Sin embargo, Basileus siguió terco. Envejeció muy rico y con él, sus pseudoamigos. Los panteones de Pseudos estaban muy llenos. El reino vacío y callado. Las personas no osaban mirar hacia arriba, hacia la Torre Dorada. Terribles enemigos constantemente atacaban a Pseudos y la destrozaban poco a poco, porque el arte de los Gladiadores se había perdido. El Libro Histórico de Pseudos, escrito en Sincerus con las gotas de sangre de los Gladiadores por el rey Mayor, estaba olvidado.

Por fin, Basileus murrió. Fue encontrarse con su Padre que le iba requerer cuentas. El reino de Pseudos passó a las manos de los ricos Pseudoamigos que ahora luchaban entre sí. Un gran viento azotó al reino. La memoria de los grandes Gladiadores voló por los aires de Pseudos. Las páginas del Libro Histórico y Sagrado comenzaban a subir formando una nube blanca que se mesclaba con el cielo azul. Junto con ello, el pueblo de Pseudo desapareció. Y se quedaron apenas los Pseudoamigos matándose por un trozo más de lo que sobró de la Torre Dorada.

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2 comentarios en “El rey que bajó tarde y la triste realidad de hoy

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